viernes, 22 de junio de 2018

EL LLANTO DE LA LUNA



Una noche, no recuerdo cuál, dejé latiendo en el cielo un deseo, uno de esos que piensas que morirá en el anonimato de las nocturnas sombras, pero tan clavado lo tenía en el alma que jamás olvidaría ese pensamiento.
Y no lo hice, pero lo veía tan lejano como esos suspiros que huyen sin vuelta; sin embargo, sucedió uno de esos imprevisibles hechos que solo sorprenden a quien es feliz cuando ama por amar, sin esperar castigo ni premio.

Una mañana, tras una noche húmeda, en la que el agua se asemejaba a las lágrimas de una luna herida de pena o de amor, la tierra despertó enriquecida de cristalinas gotas a las que una caprichosa luz del alba vestía de blancos diamantes o azules esmeraldas.
Sería el recuerdo de tus ojos, esos que, un día, se grabaron para siempre en mi alma, pero el caso es que al contemplar ese maravilloso mar de lágrimas cubriendo la tierra, el alba se retiró para que fueran tus ojos quienes llenaran de luz esa recién despertada tierra.

El rocío (que eso era lo que habitaba en la pradera) parecía tener vida, y tan maravilloso era que le puse tu nombre.

Cada vez que recuerdo ese momento en el que una silenciosa noche escondió, entre sus brazos, mi secreto, o ese amanecer en el que el rocío vistió de hermosas lágrimas el rostro de la tierra, vuelvo a evocar tu nombre, como si estuviera llamando a esa pradera en la que tus ojos quedaron grabados como lo están en mi alma.

He vuelto a ese lugar en el que dejé a una luna emocionada salpicando de rocío a la tierra; todo seguía igual: el silencio, un místico misterio, una leve brisa que solo infundía paz y, como vestigio de aquel milagro, dos gotas de rocío, dos lágrimas, en una pequeña hoja.
Las tomé en mis manos y, nada más sentir su roce, oí una de esas enigmáticas voces que solo oye quien ama: eran dos palabras, eran dos nombres.
Una de ellas era una de esas que la luz del alba transformó en azul esmeralda; es decir, tu mirada; la otra, un blanco diamante, es decir, mi esperanza.

Y así me gusta recordarte: el fruto del llanto de una luna a la que mi sueño de amar y ser amado, la hirió de amor y le provocó dos lágrimas de rocío: tu nombre y el mío.

lunes, 18 de junio de 2018

EN LAS MANOS DEL VIENTO


Hay momentos en los que el corazón exige rescatar aquellos sentimientos que, más allá de la razón que les dio la vida, habitaron, un día, entre sus paredes; y lo mismo le sucede al alma, quien en un intento de analizar el camino recorrido, quisiera volver a contemplar esas etapas que, en un tiempo remoto o cercano, cruzó.
Pero esas emociones murieron para dar paso a otras o abandonaron el pecho y huyeron para no volver.

Ahora, cuando se trata de rescatarlas, de volverlas a mirar a los ojos, como quien contempla una foto de cuando era niño, amanece un lamento por no saber dónde encontrarlas.
Hace años que dejaron este mundo y vagaron por esas rutas invisibles del cielo en las que descansan los suspiros, los sueños, las reflexiones, todo aquello que alma y corazón confiesan en la intimidad y en secreto.

Pero yo sé dónde encontrarlas.

Con total seguridad, se hallan en las manos del viento, ese viento que, cuando intuye que las emociones están huyendo de los pechos, cuando adivina que los labios musitan, en silencio, las plegarias del corazón, cuando siente que el aire se ha cargado de fugitivas emociones, entonces, se arranca las cadenas que lo mantienen en reposo y cruza el cielo apropiándose de todos aquellos sentimientos que unos corazones poetas y contemplativos dejaron latiendo en el aire, arrastra aquellas palabras que parieron unos labios suplicantes, secuestra los íntimos pensamientos que nacieron de almas sensibles, de corazones heridos o de pechos, por el amor, embriagados; en fin , peina la tierra, hasta desnudarla, dejándola en carne viva.

¡Cuántas veces, ante su presencia, lo he mirado de frente, he cerrado los ojos y he sentido el ímpetu de sus impulsivas manos en mi rostro!
En ese instante en el que el viento te acaricia, el alma sale a su encuentro y recuerda su vida.
Cuando el viento descarga el peso de sus manos sobre unos ojos que se cierran para vivir en silencio, en ese instante el que solo se siente el eco de su volátil voz, el corazón despierta y resucitan todas esas emociones que lo forjaron.

Si quieres saber a dónde huyeron tus lamentos, dónde duermen tus sueños o bajo qué techo se cobijan tus deseos, mira al cielo, y cuando sientas que el viento va dejando su huella, ponte en su camino, ofrécele tu rostro, deja que te lo acaricie y allí, en una de sus etéreas manos, viaja esa parte de tu alma, ese secreto que tu corazón, un día, dejó escapar al cielo.

sábado, 16 de junio de 2018

LOS CAMPOS LLORABAN



Esa mañana, los campos lloraban.

Los trigales mecían sus doradas cabezas dejando, en cada vaivén, un suspiro en el aire; el viento, con sus gemidos, esparcía el dolor de una tierra que sentía una ausencia; la misma tierra se resquebrajaba porque echaba en falta esas huellas que, diariamente, la lamían; todo era una triste voz porque algo les faltaba.

Ese día no acudieron a la cita aquellos amantes que jamás incumplieron con ella.
Sus sombras no asomaban por el horizonte, no se oía el crujido de la paja muerta bajo sus lentas pisadas y un enmudecido aire añoraba los ecos de esas risas que se perdían en el aire, como limosnas que regalaban al cielo, mientras paseaban.

Los campos lloraban.

Por el arroyo apenas corría un agua que, ayer mismo, jugueteaba entre los guijarros dejándoles esos frescos besos que el alba se reserva recién despertada; esa mañana, sin embargo, algo le decía a ese arroyo que en él no se grabaría ninguna promesa de eternidad, que esperaría, en vano, que los enamorados dibujaran, en su transparente piel, esas ondas en las que viajaban sus sueños.

Todo era ausencia, todo era una anisada espera porque llegara ese momento en el que dos simples corazones eran capaces de devolver la vida a unos campos que agonizaban.

Los campos lloraban.

Sus lágrimas esculpían tenebrosas nubes que avanzaban con la lentitud de un cortejo fúnebre.
El Sol se esforzaba por dibujar una sonrisa de luz en medio de esa tragedia, pero él también necesitaba la presencia de esos enamorados para cantar a la vida.
Y aquellos álamos que ayer ofrecían sus ramas, para dar cobijo a esos amantes mientras sus silenciosas miradas pintaban su maravilloso futuro, ahora las extendían hacia el cielo, como manos suplicantes que imploran un milagro, y adquirían la forma de inhiestas velas de esmeralda que regalaban a Dios su fresco aroma como sagrado incienso.

Lloraban…y rezaban los campos.

Lágrimas y oraciones formaban un solo cuerpo, un cuerpo que tenía herida, de muerte, el alma.

Pero ese don innato de supervivencia que anida en todo ser vivo, se rebelaba a asumir el trágico destino de no ver a esos amantes.
Fuera el deseo que habitaba en el corazón del cielo, fuera el sueño que la tierra guardó en sus entrañas, fuera el milagro con el que soñó el viento, fuese el íntimo presentimiento que tuvo el arroyo, o fuese ese pálpito de enamorado que latía en los trigales, más allá de cualquiera de estas razones, el caso es que por el horizonte asomaron dos sombras.

Sobrevolando las emociones que se desataron en esos campos, omitiendo las exaltadas reacciones que nacen en un corazón que halla lo perdido, solo importa saber el por qué esos amantes regresaron.
Y las únicas razones (así lo escribieron ellos, luego, en las aguas del arroyo) fueron el eco de las lágrimas, el peso de los suspiros, el aullido del viento, el dolor de la tierra, en fin, fue la propia Naturaleza quien despertó, en esos amantes, la necesidad de reencontrarse con esa cita y devolver, a esos campos, la vida.

Y allí, en las, ya, felices aguas del arroyo, volvieron a escribir sus sueños vestidos de ondas.
Ahora solo rezaban para que nunca más sintieran la ausencia de dos personas que se aman.

Los campos…ya no lloraban.

martes, 5 de junio de 2018

DONDE NO LLEGUE MI VOZ



Donde no llegue mi voz llegarán estas letras, heridas por tu ausencia, alimentadas por el deseo y, sobre todo, escritas por un alma que necesita verte.

He indagado en los túneles del corazón para encontrar esas palabras que te hieran de amor; he buscado, en los rincones de la memoria, esos recuerdos que te emocionen; he luchado contra el sueño y he pedido a la noche que prolongara sus horas, que me permitiera escribir al amparo de su halo de plata y de su silencio.
Necesito de todo ello para encontrar esas letras que calmen esta sed, pero cuanto más cerca me siento de ti, más se acentúa el deseo y más arde la impaciencia, más se incrementa la necesidad de elegir la palabra adecuada que te haga sentir que estoy a tu lado.

No me verás cuando leas esta carta, pero espero que, cuando lo hagas, mi voz resuene en tu corazón como si estuviera a tu lado, tan cerca como esos días en los que basta abrir los ojos para contemplarnos.
Yo también siento que me faltas, pero, por extraño que te parezca, en medio de esta nocturna soledad, al abrigo de los tímidos ecos del viento, amparado por su quietud, soy capaz de cruzar su silencio y viajar hasta donde te encuentras.

Sí, ahora estoy a tu lado, escribiendo estas letras, sabiendo que tus azules ojos me observan mientras en tus labios se esboza una cariñosa sonrisa.

Embriagado de nostalgia, nutriéndome de ilusiones, rescatando momentos y dibujando sueños, sobrevivo a estas lentas horas, reacias a avanzar y a acercarme a esa meta que eres tú.
Y sigo imaginando que estas letras acortan nuestra distancia, que sientes que mis labios son los que te la leen o que tú lo haces en voz baja como si me la estuvieras recitando.

Donde no llegue mi voz, lo harán esas incorpóreas manos que son los sentimientos, capaces de que sientas que acaricio tu rostro con imaginar el último beso; lo hará esa invisible mirada, que son los ojos de nuestras almas, capaces de que nos veamos cada vez que miremos al cielo.
Sí, donde no llegue mi voz llegarán (así lo espero) estas letras, escritas por un alma que necesita verte y dictadas por un corazón que solo muere cuando te olvida, que solo vive cuando te tiene presente.

Donde no llegue mi voz llegarán mis deseos.

sábado, 2 de junio de 2018

CORPUS CHRISTI (3 de junio de  2018)



Quiso, Dios, elegir un camino que le llevara, del Cielo, al humano corazón.
Desde su eterna morada viajó a Belén; de Belén, pasando por la cruz, al sagrario, y allí, en esa cárcel de amor, bajo esa nívea túnica de pan, silente y escondido, esperó a que las almas sedientas de Dios fueran a su encuentro.

Pudo elegir innumerables destinos, incontables formas bajo las que quedarse entre nosotros, pero eligió la más accesible para que el alma se acerque, el corazón se rinda y la lengua lo consuma.

Hoy, Señor, saldrás de tu refugio, exhibirás tu Divinidad y el mismo Sol, vestido de Custodia, te rodeará como halo divino.
Mis ojos te verán pasar, y al verte enclaustrado se preguntarán si eres el mismo Dios que pisó esta tierra; entonces, el alma, llena de fe, responderá a la razón:
Al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor»”.

Y será esa mirada llena de fe la que haga sentir que el alma ha sido rozada, la que sienta esas emociones que solo capta quien ama; será el corazón quien note que una voz se suma a sus latidos: la de ese Dios al que no veo, pero que, en silencio, me habla.
Entonces, solo ante Ti, solo a tu paso, se inclinará mi humanidad entera y, con ella, mi alma.
Y mientras el espíritu se libera de la venda de la razón, Tú, silente y entregado, vas dejando una divina estela en esos “locos” que descubren, bajo esa nívea forma, a Dios.

“Corpus Chisti”……

Dos palabras que engloban a Dios; dos palabras ante las que, al quedar su eco resonando en el aire, la Naturaleza enmudece y se dobla toda rodilla.

Hoy, volverás a dejar ese aroma divino, y lo harás como siempre: manso y humilde.
Hoy, mi alma se rasgará ese velo de dudas y, al verte pasar, clamará en silencio, como Tú lo haces: “Señor mío y Dios mío, te entrego mi corazón.

viernes, 1 de junio de 2018

BREVERÍAS



·        No hay mejor sueño que aquel que no alcanzamos, pues si lo hacemos, deja de serlo.
Y si soñamos en vacío porque el sueño ha muerto, despertamos a una realidad donde no existen los sueños; así que, si soñar es bonito, cuando alcances lo soñado inventa otro nuevo que sustituya al alcanzado y dé vida al que ha muerto.

  • El consejo es la sabiduría de la experiencia ajena, pero busca que ese ajeno que te los dicta haya saboreado la sabiduría.


  • Si hay amado, hay amante; si hay amante, hay amor; pero amante con amor que no encuentra lo amado y amado que no encuentra quién lo ame es huérfano amor.
Así pues, el amor es el aire que navega entre amante y amado: muerto el primero, lo hacen los otros dos.

  • Si lamentas que el tiempo se vaya como agua entre las manos, no has de lamentarte, luego,por la vida que te ha tocado.
Es incompatible maldecir el tiempo vivido y, a la vez, desear que no huya tan rápido.

  • La lágrima es hija de padres enfrentados.
Su madre, la Felicidad, la parió fruto de una emoción; su padre, el Dolor, la engendró cuando a la madre abandonó.

  • Si la muerte es a la vida como la noche al alba, si suspiro porque llegue el amanecer para que entierre a las nocturnas sombras, entonces, que llegue la oscura muerte para poder ver, luego, la luz de esa nueva vida.

  • Si el corazón tuviera alas, volaría tan alto como el amor que encerrara.
El amor es la excepción que rompe esa regla en la que el peso arrastra el cuerpo a la tierra;
Sí, cuanto más pesa, de amor, el corazón más alto vuela.

viernes, 25 de mayo de 2018

SUSPIROS



El suspiro es esa leve brisa que engendra la nostalgia, el amor, el adiós a un tiempo vivido…
Los suspiros nacen, apenas sin voz, entre unos labios que anuncian que el corazón no es capaz de aguantar tantas emociones y que necesita respirar; son esa sinfonía que algún día tendrá que sonar cuando unos ojos te miren y sabes que la amas; en ese instante en el que un sueño se aferra con tal fuerza en el alma que, esta, necesita compartirla exhalando un suspiro; o en esos segundos en los que un recuerdo sobrevuela el corazón y quisiéramos atraparlo, pero, al no poder hacerlo, le dejamos un beso en el aire, le regalamos un suspiro.

Pero solo nacen cuando se ama, cuando los recuerdos dibujan ilusiones y los labios esbozan sonrisas por los tiempos vividos, esos momentos que vivimos y que, ahora, al suspirar, destilan esa extraña sensación en la que se funden la alegría y la pena, en el que luchan, en el corazón del suspirante, la felicidad por esa vida compartida y el pesar por su ausencia.
Y mientras exista un hilo de vida, siempre habitarán los deseos, nunca morirán los sueños y estaremos continuamente ligados a una vivencia, a un sueño o al inmortal deseo de que la vida nos sonría.
Basta este pensamiento para que en nuestros ojos brille una húmeda lágrima que explica que el corazón sigue con vida, pero si ese emocionado llanto no fuera suficiente para explayar las emociones contenidas, entonces, siempre nos quedará esa tímida voz, que se llama suspiro, y que dice, en silencio, que el alma está agotada por el peso de los sentimientos.

Y porque las palabras no tienen el suficiente poder para dar vida a los secretos que un corazón encierra, por eso, Dios abrió una ventana, en todo pecho, por la que huyen vestidas de aire y que nosotros llamamos…suspiros.

Parecerá mentira, pero esos débiles y etéreos mensajes que nuestros labios escriben en el cielo nunca mueren.
Sobreviven a las inclemencias, al paso del tiempo, y aunque la memoria los olvide, ellos seguirán viajando, eternamente, por los caminos de la historia; quién sabe si, algún día que aún está por nacer, alguien que sienta su corazón ausente, se encuentre con uno de esos suspiros que dejó un corazón emocionado y, al verlo, le devuelva la vida.

Y así vivimos: rodeados de invisibles emociones que dejaron y dejan, en el aire, esos corazones que necesitan respirar. Bastará que nos sensibilicemos, para descubrir, en el mundo que nos rodea, un continuo nacimientos de esas tímidas voces que solo nacen cuando se ama.

Sí, vivimos rodeados de suspiros.