lunes, 24 de noviembre de 2014


OJOS  VIAJEROS


Vais dejando la mirada en estas tierras de España que Dios bautizó con la belleza
y, al contemplarlas, nacen suspiros en el pecho y jaculatorias en el alma.
Cuando vuestro vuelo planea sobre tierras norteñas, se tiñe de verde la mirada, ese verde de prados y montañas que se negaron a envejecer y le robaron al tiempo el elixir de la vida.
Pasearán entre ríos y valles respirando ese aire que nació del aliento divino, y quedarán los ojos humedecidos por el brillo de sus aguas, aunque sé que no serán las únicas lágrimas que me arranque este viaje.
Ojos peregrinos que surcáis el cielo dejando en esas tierras la sombra de vuestras pupilas, en ese vuelo que apunta hacia el sur cruzaréis los trigales y fundiréis el esmeralda de los bosques recién abandonados con el oro de la meseta.
Y pasearéis por las costas, por esos labios de arena que hablan incesantemente con el mar dejando que el sol y las olas se sumen a su tertulia.
Y allá donde descanse la mirada, con cualquier punto que roce, se despertará la emoción en el vello de esa piel que forman las tierras de España.
Satisfechos los cuatro puntos cardinales, os apostaréis allá donde los clásicos decían que acababa la tierra, y dejaréis que sobre sus aguas navegue esa mirada, con el bagaje de los recuerdos, en busca del Nuevo Mundo.
Cruzará ese “charco” que nos separa y, a la vez, nos une cuando abre sus brazos de agua; y cuando tus ojos arriben en aquellas costas sentirán que en cada rincón del mundo se esconde una belleza.
Desde las Montañas Rocosas hasta los Andes, escalaréis hasta sus cimas y, como águilas, contemplaréis esos lagos que formaron las lágrimas de los dioses o de los enamorados; esas selvas que nacieron en un rapto impetuoso de amor entre la lluvia y la tierra; o esos desiertos que quedaron vírgenes para ensalzar un monumento al primigenio aspecto del mundo antes de quedar decorado por los seres vivos.
Una amplia gama de colores irá dejando su reflejo en vuestra atónita pupila.
El blanco de la nieve que se refugia en las alturas; el azul de las lagunas que se funde en un eterno beso con el cielo; el verde exuberante de los trópicos o de los bosques; el rojizo de esa tierra desnuda…
 Así, América irá rellenando esa vacía maleta con la que empezasteis este viaje en el norte de España.
Y en cada punto de este mundo que habitamos, encontraréis un motivo para que la admiración os arranque una lágrima, una exclamación, un suspiro o una alabanza.
Si os robara cualquiera de ellos, sería como quitarle a un enamorado la esperanza; a la luna, las estrellas; dejar a la poesía huérfana de sentimientos; o esconder la luz en una cueva.

No es necesario que todos los sentidos abran a la vez sus ventanas para saborear las mieles de esta vida;  bastaría que la mirada despertase,  para que el alma escuchara la voz de esos sentimientos que nacen cuando estos ojos viajeros contemplan la belleza de la tierra que pisamos.

                                                     Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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