martes, 30 de diciembre de 2014


A MI MUJER

Sintió mi pecho un dolor,
(esos con los que mata el amor)
que cuanto más fuerte era 
mayor ilusión le causaba.
Sigo sumido en este dolor
que no es otro que el placer
de ser preso de tu alma.

No hay mayor dicha para el alma amante,
que sentir en sus entrañas
la suave brisa de lo amado;
así, mi alma vive de tus aires,
de tu paz y de tu encanto.

Son mis sueños
fundir nuestros labios en uno,
atar mi corazón a tu pecho,
sentir mi alma en tus manos,…
Déjame soñar porque sólo así
te podré seguir amando.

Donde alcance a sentir tu alma,
donde llegue tu mirada,
donde suene el latir de tu corazón,
¡en un punto de tu universo viviré!,
porque fuera de ti moriría sin remisión.

Rompe mi alma este poema.
Al leerlo me invade tu recuerdo
y siento que esta vida es poco para amarte;
así, al pensar en ti
se hacen eternos mis sentimientos.


A veces me roba el día
el sublime instante de estar contigo,
de fundir nuestras miradas en silencio,
de besar con el alma tus manos.
Sí, ¡siento que me roban la vida!
Entonces clavo la mirada en el Cielo
y me llena un remanso de paz
al ver como Dios nos tiene en sus brazos.

A las mieles de tu alma
sabrán pobres estos versos,
grises nubes cuando el limpio azul
de tus ojos se humillen a leerlos.
Mas solo es una forma de decirte
que haces de mi corazón un paraíso,
¡porque no cabe más amor en este pecho!

FIN

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