miércoles, 31 de diciembre de 2014


GRAUS (Huesca, España)

Pantano de Barasona (Graus)
Graus, para dirigirme a ti he robado a las musas del Olimpo el elixir de los poetas. Solo así, y espero sea suficiente, podré afrontar el reto de ensalzar tu belleza y dignificar a tu gente.
Si Calatayud es el corazón, tú eres, de Aragón, su cabeza coronada por el imperial laurel de los Pirineos.
A su sombra y a los pies de Ribagorza, el alma se convierte en peregrina que reza con los ojos y no necesita imaginar cómo fue la creación, basta que te mire, respire y sienta.
Como “muy noble y muy antigua” te bautizó Pedro II.
Si tus tierras cautivaron a los reyes, ¡qué harán con nosotros, los mortales!
Graus, al pisar tus tierras hay que dejar que los sentidos sean nuestros guías.
El murmullo de las aguas del Ésera nos habla de la vida eterna, mientras tus casas-palacios nos recuerdan lo efímero de la gloria. Ilustres apellidos reducidos a escudos de piedra.
Y en este viaje por lo increíble los sentidos enloquecen y entran en lucha.
La vista se pierde en la cumbre de tus montañas.
El oído se inclina ante la voz de tus aguas y el aullido del cierzo.
El tacto se funde de emoción con un puñado de tu tierra.
El olfato se pierde en las entrañas de tus bosques.
Y el gusto…, el gusto se lo reserva el alma cuando mira a los ojos a Nuestra Señora de la Peña.
He de dejarte, Graus, porque el tiempo sigue su camino y no entiende de treguas.
Pero si pudiera robarle, como a las musas del Olimpo, me quedaría con esas horas en las que al contemplarte enloquecieron mis sentidos.
FIN

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