lunes, 29 de diciembre de 2014


LLAMAS QUE NO SE APAGAN



Eran  días en que  cuando la vida no me ofrecía nada, yo la rellenaba de sueños.
Fue un amor furtivo, escondido en los rincones de la memoria, en esa parte del alma donde los sentimientos que no han muerto duermen.
Allí viví, que no vivimos, ese romance entre un corazón que ama y una ilusión.
Extendí la mano para sentirte y detrás solo estaba el vacío, pero, ¡ay, las mentiras del corazón!, en algún momento creí sentir un calor pasajero.
Mi mirada no se apartaba de ti, pero la tuya se perdía en un  punto vacío y yo soñé que me buscabas.
Todo era un juego que tú desconocías.
Todo era una historia donde lo real sucumbía ante lo ficticio.
En realidad, todo era nada.
Y así pasó el tiempo, y así olvidé tu nombre, aunque en realidad nunca lo supe porque eras un sueño.
Pero la vida no da por perdido lo que la memoria del corazón olvida, y me ofrecerá otra oportunidad de revivir esa historia de un amor ficticio.
Volveré a vivir ese amor furtivo y en las paredes del alma dormirán esos sentimientos y volveré a escribir esta historia en la que solo hay dos nombres: el tuyo y el mío.
Y aún continúa este viejo romance en el que no importan los silencios de ese amor creado en mi imaginación; no me importan esos desvelos que me roban el sueño para seguir soñando y comprobar que aún sigue vivo; porque aunque ame una idea, un fantasma vestido de amor, sé que algún día tomará cuerpo o, al menos, será tan intenso en mis sueños que lo sentiré vivo.
Y seguiré dejando la estela de mis sueños y suspiros; seguirá respondiéndome el aire con su silencio; pero nadie me robará el feliz sentimiento de amar una ilusión,  una ilusión que me ayuda a ver con ojos felices lo que me rodea.
Sí, ya sé que todo es humo, que basta un débil viento para que lo borre de ese cielo que yo he creado, pero cuando desaparezca, volveré a encender el fuego de ese ilusorio amor y seguiré soñando que en un punto del universo existe ese cielo que yo me he forjado.
Y no busco sombras en la noche, ni pretendo abarcar el mar entre mis brazos.
No, no soy un loco que pretende vivir sin el aire; soy, simplemente, una víctima, feliz víctima, de esos sueños imposibles, pero ¿acaso los milagros no tuvieron su raíz en un sueño?


facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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