martes, 30 de diciembre de 2014


SELA (Pontevedra, España)

Río Arbo

Quedan, de mi estancia,
recuerdos sombríos,
débiles luces que asoman 
entre hórreos de piedra
y naturaleza salvaje.

Duerme, Sela,
al respaldo de los montes
de la Galicia verde y rural,
entre el silencio de las viñas
y el eco del lejano mar.

Un camino de tierra
serpentea entre naranjos
que lo bañan de sombras
un día cualquiera.

De noche, una luz de plata
viste de misterio los rincones.
Todo es lento y mágico a la vez.


Los inmóviles prados susurran
el gemido de los maizales.
Sobre el río flotan las palabras
que, en la orilla, dejaron los amantes,
y al compás de un leve aire
bailan los frutos en las ramas.

A los pies de la vieja loma
se asienta la casa de piedra
que encierra viejas historias
y espera oír las nuevas.

Ante su puerta se apostan los cipreses,
sus fieles centinelas,
que dejan que la noche los vista de plata,
o el invierno los cubra de niebla.

Cuando el plúmbeo cielo
deja sus jirones de brumas
dormitando en la pradera;
cuando se rinde la palmera
ante la generosa lluvia;
cuando el crepúsculo tiñe
de cobre las paredes
y, en la sombra, el musgo
espera el amanecer,
se funden realidad y fantasía. 
Sólo pasea la imaginación
dando vida a ánimas y conjuros.

Todo es lento y mágico a la vez.

En invierno es un cuento de Dickens
donde el alma se rinde
ante el espejismo de su flora,
salpicada de edificios
con sabor a tradición.

La niebla efunda, entre sus brazos,
esos pilares de piedra que sustentan
el alma del hórreo,
y queda el lagar oculto
entre una cortina de nubes
que hacen del suelo su morada.

Quedan en la tierra
las hojas rezagadas del otoño.
Quedan unas huellas
barridas por el viento.
Quedan los maravillosos recuerdos
suspensos en la loma
que llora en el deshielo.

Todo es lento y mágico a la vez.

Al perderte en sus entrañas
sólo actúan los sentidos.
En el silencio de la madrugada
lucha la primera luz
con los brazos del eucalipto.
El brillo del rocío
salpica de vida el aire
que huele a tierra mojada.

Es la mística de la Naturaleza,
donde se libera el espíritu
y queda atrapada el alma.

Quedan, de mi estancia,
sentidos recuerdos.
Queda Sela en mi memoria
como la tierra laureada
por el sello de Dios.

FIN

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