lunes, 12 de enero de 2015


BREVES y POBRES


Breves  son las palabras cuando lo que quieren no es hablar, sino abarcar con simples letras o sonidos el infinito mundo del corazón y sus sentimientos.
Y pobres son los sentimientos cuando unas simples palabras saciarían su mundo sin que hicieran falta los afectos.

Breve es la vida de esa lágrima furtiva que huye de la emoción.
Nace y se seca al ritmo que brota y muere el impulso del corazón.
Pero pobre es el llanto que hace de sus ojos un diluvio cuando tiene delante la pena, pero al darle la espalda no deja, en sus ojos, rastro de lágrimas, ni en su alma, dolor.

Breve es el silencio cuando dos miradas se cruzan envueltas en el amor, porque, en el fondo, no hay silencio, hay un eterno diálogo donde hablan los pensamientos, hablan los deseos, hablan los sueños, hablan las cruces,…
Hablan, entre tú y ella, vuestros corazones; o habla tu alma con Dios.
Pobres son los que hacen de la palabra mercancía que venda fatuos sueños al mejor postor, a cambio de laurear su vida.
Porque la palabra es dádiva, limosna, consuelo, pero en esos ambiciosos labios se convierte en traición.

Breves son los sueños que nacen de la utopía, por mucho que sean bellos.
Tienen sus raíces en el aire, ese falso mundo que hemos creado, y un simple soplo de esta vida real los dispersa por su imaginario cielo.
Y pobres serán mis palabras si no consiguieron abrir en tu pecho el camino que las llevara a tu alma.

Breve, espero, sea el juicio de Dios cuando me llame, y que al mirarme no me juzgue por lo que escribo ni por mis palabras, sino por esa lágrima furtiva, hija, no de un sueño y sí de un sentimiento que nació en el silencio de ese sincero diálogo entre Él y mi alma.
Y pobres serán mis obras, mendigas de piedad, pero nacidas desde el afecto.   

Y breve puede ser un beso, pero si nace en el momento justo y de un sentimiento sincero, puede convertirse en eterno, aunque esos labios que te besen sean pobres.

Porque pobreza y brevedad no son un estigma, antes bien, tenlos por reliquia cuando nacen de un corazón entregado y de un alma limpia.

FIN

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