miércoles, 28 de enero de 2015


¿ERES SUEÑO?



Aún laten tus palabras como brasas que se resisten a morir en la hora final de la hoguera.
Aún revolotean tus besos, enmarcados en el aire, para que cuando respire los sienta.
Pero si fuiste sueño, ¿por qué sigues habitando en mi alma, o no te desvaneciste cuando el alba asaltó la cárcel de la noche, o  no huiste en ese instante en que a vosotros, los sueños, os libera?
Y si eres mortal, ¿por qué, al recordarte, veo en tus ojos fúlgidas estrellas y de tu etéreo cuerpo nacen alas que me invitan a pasear contigo por el cielo?
¿Es posible que en un amor humano convivan lo terreno y la leyenda?
Pensar que esta tarde nuestras manos se fundirán en un eterno paseo, que tu alegre mirada avivará las llamas de mi pecho, el mero pensamiento de saber que me esperas, esa ilusión compartida donde nos robamos los corazones, todo ese mundo que solo lo entiende quien ha pisado esa tierra, todo ello es imposible que lo alimente un mero sueño, porque el sueño es viento que pasa y se aleja, pero esto que vivo es huella que queda.
Y si algo me hace dudar de tu existencia, es el no comprender cómo es posible que una mortal criatura genere tantos felices sentimientos, y que todos nazcan en el mismo instante en que te veo.
Pero ni la más generosa imaginación sería capaz de describir este mundo.
Podría adornarlo con imaginarios seres, idílicas fuentes que dejan el embrujo de su eco, aromas ignotos que hechizan las almas y las hacen presas de una sonrisa eterna.
Sí, pero todo sería un fugaz rayo que nos atraviesa y, según cruza, muere en su propia sombra.
Dime, mujer, seas sueño o realidad, en qué momento decidiste hacerme preso de esta rara enfermedad de la que no quiero curar.
Si fuimos unos elegidos de la suerte, rogaré porque mueran el resto de los azares para que ninguno nos tiente, pero si fueron nuestros pechos los que dictaron la orden, si fue un amor sincero el que nos impulsó a embarcarnos y cruzar este mar, entonces, me basta, nos basta, disfrutar cada momento, se vista de sueño o realidad.
Y cuando la ausencia nos obligue a no poder compartir palabras o miradas, entonces, sí, te revestiré de leyenda y veré, en tus brazos, alas que me invitan a pasear por el cielo, y en tus ojos, fúlgidas estrellas.
Pero ni ese mágico instante en el que un imaginativo corazón intenta que no se sequen las fuentes de su dicha, es capaz de suplantar  el momento en el nuestros ojos se encuentran.
Entonces, cuando ya siento cercana la brisa de tus labios y que tu alma llama a mi puerta, soy consciente de que eres mortal criatura vestida de sueño.


Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
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