miércoles, 14 de enero de 2015


FUIMOS AVES


colibrí

canario









Dime si  esa hambrienta paz que roía tu pecho, logró serenarse y calmar sus aguas.
Dime si pudo adentrarse, entre las llamas de tu ansiedad, esa mano que apagara tu fuego.
Dime si, al saber de mi regreso, se humedecieron tus ojos, como lo hicieron los míos, al pensar que me esperabas.
Pero todas son preguntas que no necesitan respuesta, pues fueron nuestras miradas, cuando se encontraron, las que delataron que tu mundo y el mío vivieron lo mismo.
Y fue todo tan intenso que quiero recordarlo.
Esos años de ausencia nos privaron de vernos, pero no bastaron para robarnos el deseo.
¿Recuerdas ese banco de piedra, junto al estanque, donde esperábamos que el tiempo pasara sin más afán que contemplarlo juntos?
Allí iba cada tarde, acompañado de ese recuerdo, y alentaba a ese mismo tiempo que nos vio sentados,  a que aligerara su paso y devorara nuestra distancia.
No me importaban las inclemencias del tiempo, que el frío me invitara a huir o que un desapacible cielo me mostrara su guante de plomo.
Todo ello no podía impedir que velara, en ese banco, descontando los segundos que quedaban para nuestro encuentro; y para que esa espera fuera más liviana, oía el revoloteo de las alas de tu nombre invadiendo esos rincones donde se perdía mi mirada.
Tenía la extraña sensación de un canario enjaulado que, aun así, no se resiste a dejar en el aire el eco de su trino como yo dejaba, en el cielo, una sonrisa al recordarte y un suspiro al sentirte.
Estas sensaciones, que yo viví, ¿despiertan, en ti, el recuerdo de las tuyas?
Y vuelvo a preguntar sabiendo la respuesta.
Deja que me siga sintiendo ave, porque así lo quiero, porque solo así puedo surcar ese cielo donde se grabaron esos besos que dejé en el aire mientras veía pasar al tiempo.
Ahora recuerdo que los cantos que nacían de mi corazón enjaulado, en algún momento se fundieron con otros igual de bellos, invisibles pero reales.
¿Fue, acaso, el alegre colibrí que anidaba en tu pecho el que me cantaba?
No respondas, me basta tu mirada.
Ya podemos ocupar de nuevo ese banco de piedra, sentir esos besos perdidos, juntar las alas de nuestros brazos y alzar el vuelo; ya pueden revolotear, libres, esas aves, tu corazón y el mío, que vivieron enjauladas.
Mientras leo estas letras, tiemblan en mis labios las palabras, como tiemblan colibrí y canario esperando ser liberados.
¿No te sucede a ti lo mismo?
No hace falta que respondas, me basta tu mirada.
FIN

1 comentario:


  1. El verbo entre juego malabares y el trinar de pájaros. Una gran proyección que de forma intensa y sublime dejas al lector con la miel en los labios.

    Saludos y feliz día.

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