domingo, 11 de enero de 2015


LLUEVE

Ha  llegado la hora de que el cielo expulse su dolor, ese instante que elige para que la tierra conozca que también las nubes sufren porque alguien escondió, entre ellas, una pena.
Pero aunque llore, son lágrimas de vida que, si bien dejan nostalgia o melancolía en las almas soñadoras, alegran el corazón de la sedienta tierra.
No sé cuál es su misterio, pero ¿no es cierto que cada vez que asoma parece que el cielo recita un verso y escribe, en la tierra, una carta de amor?
¿No has sentido, en un paseo, cuando esa débil lluvia mojaba tu piel, que te acariciaba una mano de agua y te llenaba de sentimientos?
¿No te ha robado un suspiro cuando, a través de los cristales y tú fijando tu mirada en ella, parecía revelarte lo que en tu pecho se escondía?
Y es que los gestos de la lluvia son códigos secretos que cada corazón revela con su propio lenguaje.
Ese húmedo velo, con que nos cubre, no deja de ser una lengua que nos habla de sentimientos y, a la  vez, escucha lo que nosotros la queramos revelar.
Y cuando llora de noche, ¿no has buscado sus lágrimas en la luz de una farola porque así te sentías más cerca de su dolor?, ¿o no las has buscado, para sentir la felicidad de sentir que hay vida en medio de esa oscuridad?
Yo sí lo he hecho, y cuando la lluvia se oculta en las cataratas del cielo esperando que le abran las compuertas,entonces, la recuerdo.
Y empiezo evocando esos sonidos que avisan de su llegada, esos débiles pasos, como si se acercara de puntillas, como queriendo darnos tiempo a que nuestra alma se prepare para esa cita de idilio en la que nuestros corazones, el de ella y el mío, se vestirán de gala.
Y oigo, o recuerdo, el roce de las primeras gotas con en el suelo como esa débil voz que sale de unos labios enamorados y pronuncian, por primera vez, tu nombre.
A ese eco le sigue una voz más prolongada: la del agua que cae por los canalones, los labios de los tejados, que, saciados, echan por la borda la lluvia sobrante, como esos corazones que, no dando cabida a tanto amor, expresan el que les sobra con la mirada. 
Unas rodadas de un perdido coche interrumpen estas confesiones y levantan un pequeño grito en las gotas que ya descansaban.
Suena el chirrío de una puerta que se abre; tal vez de alguien que sale a sentir el milagroso aroma a tierra mojada.
La lluvia ya va firmando esa carta que ha escrito en la tierra, el cielo ya recita sus últimos versos, se va apagando la voz de la lluvia.
Miro al cielo y unas grises nubes esperan.
Han  hecho un alto en su llanto.
Una húmeda y fresca brisa me recuerda que el cielo ha llorado, que las gotas han hecho sonar su réquiem, y que la tierra y mi alma han quedado en suspense por un instante.
Son los milagros de la Naturaleza.
Se ha hecho el silencio.
En mis ojos queda grabada la lluvia.
En mi mente aún resuena el eco de sus voces.
El cielo ya no llora, pero en mi alma… siempre llueve.

FIN

1 comentario:

  1. Fuimos aves,me encanta,me gustan tus escritos. Te invito a leer mi poesia maino y la rosa. Palabras vivas maino el colibri.

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