miércoles, 25 de febrero de 2015


BRUMAS


Se abrieron los sepulcros de la  memoria y resucitaron los recuerdos.
Caminan ante los ojos: algunos con el vendaje aún limpio; otros, raído y polvoriento.
Procesión de antorchas cuyas llamas, vivas o tímidas, dejan en la noche del tiempo el resplandor de toda una vida.
Algunos tan presentes que su fuego, aunque lejano, aún deja sentir su calor; sin embargo, otros, son un vahído que agoniza.
Pero todos forman ese lecho sobre el que descansa la existencia.
Y en esa rama que es la vida, hay hojas sueltas, recuerdos solitarios, mientras otros se agrupan en racimos, porque separarlos es dejarlos morir.
Y aunque ahora el tiempo los haya dispersado, nacieron juntos.
Desde hace años forman su propio cuerpo, pero quienes los vieron crecer no podrán evitar, cuando resuciten de sus sepulcros, verlos en el mismo racimo.
Los recuerdos pueden ser caprichosos, efímeros o eternos, llamas o humo, pero aquellos que sobreviven son, de nuestra vida, patrimonio.
Por ello, si esas dos caras de los recuerdos tu mente las ve juntas, si se funden en una sola cuando los evocas, no es un error de la memoria, ni un descuido, es el debido homenaje a esa llama, cuyo fuego aún te quema en la noche del tiempo.
Subidos a la atalaya de los años, los contemplamos como manchas de agua, ríos que surcaron nuestra vida y que van llenando el mar de nuestra vida.
Incluso aquellos olvidados forman parte de ese mosaico y, aunque ignorados, la dan sentido.
Son como esas estrellas diminutas que se esconden en la noche del cielo y pasan desapercibidas, pero si desaparecieran, el universo no sería infinito.
 Y este mismo instante, en el que respiras, este presente que vives, ya está dando sus primeros pasos para convertirse en recuerdo.
Así se conforma nuestro pensamiento: una amalgama donde conviven los recuerdos, el hoy y la esperanza del mañana, pero llegará un día en que se abra el libro de nuestra vida y allí estarán los que aún no han apagado su llama y los que, hace mucho, se convirtieron en ceniza; pero todos, sin excepción, forjaron nuestra vida.



facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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