viernes, 20 de febrero de 2015


CALATAYUD (Zaragoza, España)


En el corazón de Aragón late una tierra donde árabes y cristianos cruzaron sus espadas; donde reyes ciñeron sus coronas; donde duermen las leyendas al cobijo de sus murallas.
Calatayud, tu rostro se dibuja en el poniente de Aragón y tus castillos lo coronan en hermosa diadema.
Cae la noche y duerme la ciudad.
Al alba, se iluminan, orgullosas, sus almenas, y cubren con la mirada esos parajes con que Dios dotó a la tierra bilbilitana.
Dejé que sus aguas me arrastraran hasta su cabecera y, allí, solo pude contemplarte porque consideré míseras las palabras.
Si alguna vez, Calatayud, lloraste por el dolor que te dejó la guerra, has de saber que tus lágrimas se perdieron en las aguas del Jalón.
En ellas se sumergen los suspiros que perdieron los amantes en sus orillas.
Ellas purifican tus ermitas, colegiatas, iglesias, santuarios,… ¡vuestras almas!

Cada día, desde mi tierra soriana, el viento me revela tus secretos y, en un impulso de amor, miro al oriente y tus atalayas y mis ojos cruzan la mirada.
Duerme. Calatayud, a la vera de tus aguas.
Deja que tus almenas susurren al cielo la belleza de tus tierras.
Queden, en ti, enterrados esos sueños y oraciones que unos labios penitentes dejaron en tus ermitas y santuarios.
Y, sobre todo, que tus castillos protejan esos corazones que quedaron cautivos al pisar la tierra bilbilitana.
                                                         
FIN

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