domingo, 1 de febrero de 2015


CAMPANARIO


Iglesia 
Montejo de Tiermes (Soria, España)



Sobre  un  lienzo de rojos tejados que las nubes difuminan; por encima de esos prados donde duerme la hierba a expensas de una limosna del cielo, y de las arcillosas tierras del cerro que se funden con el crepúsculo, se alza el viejo campanario de negra campana y piedras enmohecidas.
Desde el privilegio que le otorga su altura, su mirada abarca la tierra que le engendró y las aledañas, sin más oposición que los ojos de su vecina atalaya.
Su muda presencia ha sido, y es, testigo de esas vidas anónimas que escribieron, y escriben, su historia en la tierra sobre la que él se levanta.
Pero no solo mira, también siente.
Una larga convivencia con las dichas y miserias mortales han acabado por infundirle un alma.
Cuando la muerte deja en algún hogar el rastro de su guadaña, el campanario hace propio ese dolor y mueren lentamente los repiques de su campana; campana que viste de luto y deja escrito en el aire el eco de su réquiem.
Campanario, eres el cuello de la iglesia sobre la que te alzas, y la campana es tu cabeza.
Si la expresión “se me cae el alma a los pies” significa desesperación o tristeza, a los tuyos duerme, en el sagrario, el corazón que te alimenta, el Alma de almas, la felicidad eterna.
Y así como la muerte apaga la voz de tu campana, están aquellos días en los que el sagrario abre sus puertas para recibir al Resucitado; o aquellos en los que tus piedras enmohecidas rejuvenecen al ver a la Madre de Dios volver a ese Cielo que ella nunca olvidó.
En esos días, la negra campana olvida su luto  y un alegre repiqueteo deja en el aire el eco triunfal de su “laus Deo”.
Eres el faro de los pueblos castellanos, a cuya falda se extienden mares de trigo, y en ti mueren esos ríos de tierra que son los caminos.
Caminos cuyo polvo levantan el impulso del viento o los pasos errantes de un peregrino que busca la novedad, la soledad, o, simplemente, se ha sentido llamado por la voz de tu campana.
Campanario de negra campana y piedras enmohecidas que proclamas a los cuatros vientos la muerte y la vida, convocas a su gente y la alertas del peligro, tu torre es el mástil donde, al impulso de lentos o alegres repiques, ondea tu negra bandera.
A tus pies vive, en la soledad del sagrario, la Razón por la que tú existes.
Eres, de los pueblos, su alma, su voz centinela, los ojos que los vigilan.
Campanario de negra campana y piedras enmohecidas
                                                                       FIN

1 comentario:

  1. Expresar la poesía de un campanario en una prosa milimétrica, escrita a conciencia, es algo que todavía no es tan frecuente en castellano. Poco a poco, la prosa poética va ganando en solidez. Saludos.

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