martes, 17 de febrero de 2015


CICLOS

La nieve huía lentamente dejando  que asomara la paciente hierba y le retiraran la fría mortaja para volver a la vida.
Era como si resucitara tras un tiempo en el que estuvo enterrada por el olvido.
Y en ese renacer, afloraron las ilusiones alimentadas en esas horas a la sombra del fuego; esos proyectos forjados mientras la mirada se perdía, al abrigo de una ventana, entre blancos lienzos;
y también resucitaron esos pensamientos que buscaron, en el cenobítico invierno, el alimento de la reflexión,
No hay duda de que el alma y la vida habían mudado su piel.
Y como este ciclo, también nosotros movemos nuestro ánimo al vaivén de la Naturaleza, abandonados a su sonrisa o a su llanto.
Mejor dicho, somos sentimiento, alma, que hacemos de esa nieve, de ese viento, de esa lluvia, de ese sol, excusas que alimentan nuestra vida de nuevas ilusiones y proyectos, o los convertimos en pala enterradora de nuestros desencantos.
Así, cuando la tierra dé a luz a la vida, en el parto de la primavera,  mi alma pintará los rostros de sonrisas,  y me gustaría pensar que en aquel rincón de la tierra donde brille una lágrima o el dolor deje su eco, los aromas y colores fueran capaces de borrarla o acallarlo.
Cuando el verano imponga el imperio del sol, dejaré mi corazón en esa balanza que oscila entre la la cruz de los que sufren su látigo y los que disfrutan de sus caricias.
Y llegará la hora en que el otoño cubra al cielo con una capa gris y el viento disperse los cadáveres de las hojas; en ese instante, dejaré que mis lágrimas se repartan, como la azarosa lluvia, entre aquellas que recuerdan a quienes dejaron esta vida, acompañando a las mortecinas hojas, y aquellas que nacen de un  corazón al que ese mismo cielo, hojas y lluvia lo tiñe de amor y nostalgia.
Finalmente, el invierno dejará, sobre la tierra, su fría mano envuelta en un guante de nieve, y sobre ella mi alma se partirá para acompañar a esos desamparados que suspiran por una miga de calor, el abrazo de una chimenea. 
Y así, dejaré que alma y sentimientos, en cada ciclo, se vistan con el ropaje que ofrece la Naturaleza; y alzaré, en cada estación, un recuerdo a los que ríen y lloran; dejaré una corona de sueños por aquellos que no los ven cumplido,
Así como la naturaleza nace, vive, muere y resucita, dejaré que mis sentimientos y mi alma acompañen su ciclo de vida.



No hay comentarios:

Publicar un comentario