domingo, 15 de febrero de 2015


El RÍO ENAMORADO

En sus aguas plateadas, el cielo  se lava la cara cuando le despierta la mañana, y se dibuja sobre el río Nervión una sonrisa azul y unas casas, entre las que viajan en alegre compañía los peces y las olas.
Lleva sobre sus húmedas espaldas la carga ligera de los ojos que lo contemplan mientras la brisa peina sus aguas.
Una niña de rubios cabellos se acerca a su orilla y el Nervión detiene su marcha.
“¿Por qué se parará?”
Y el pensamiento de María queda flotando sobre ese lecho que iba a morir al mar.
El río mira a María y, al contemplar sus cabellos, tiñe sus aguas de oro y se acerca en pequeñas olas para besarle los pies.
El cielo, lleno de celos, cubre su cara de nubes y no quiere mirar.
Sigue tu camino, río, que si no, el cielo se enfada.
Además, otros niños esperan en tus orillas porque te quieren saludar.
El río se puso triste porque no se quería separar, pero María llevaba razón.
Solo le puso una condición: que le regalara uno de esos dorados pelos y su sonrisa.
María dejó en él  el más largo que tenía y. juntando sus manos con los labios, lanzó un beso al agua.
El Nervión era el río más feliz del mundo y una sonrisa azul cubría sus espaldas.
Ya no importaba que el celoso cielo no quitara sus nubes porque ese pelo dorado, que le regaló María, hacía las veces del sol.
Desde entonces, sus aguas no son de plata, son del color de ese beso que una niña de dorados cabellos dejó en el Nervión, el río enamorado.

                        FIN

2 comentarios:

  1. Excelente poema, unas imágenes magníficas con léxico soberbio, sin duda el arte circula navegante por tus venas gran poeta, un placer recorrer tu jardín de buenísimas metáforas. Feliz domingo y un saludo desde Toledo (España)

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  2. Excelente poema, unas imágenes magníficas con léxico soberbio, sin duda el arte circula navegante por tus venas gran poeta, un placer recorrer tu jardín de buenísimas metáforas. Feliz domingo y un saludo desde Toledo (España)

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