lunes, 16 de febrero de 2015


¡MAÑANA!


Visita la triste mañana,
con sus ojos llenos de llanto,
al niño que queda aislado
del mundo en su morada.

Participar él quisiera
de la vida, del presente, ¡del mañana!,
coger entre sus brazos
el aroma de las plantas,
mojar sus inmóviles piernas
en el fondo de las aguas, y…

Pero todo queda en sueño,
que se enciende con el alba
y, con la soledad del silencio,
rápidamente se apaga.

“No llores más, “Mañana”,
tus lágrimas no son consuelo,
o, ¿acaso no sabes que eres espejo
de lo que siente mi alma?”

“Mis lágrimas serán sonrisas..”,
responde triunfante el alba,
“…y mis nubes serán estrados,
donde los ángeles toquen sus liras
si con ello se alegra tu alma.”

 Y se unieron las voces del Cielo
para clamar el auxilio del niño,
con tal fuerza en sus gargantas,
que palideció la Tierra entera
al enterarse de su desgracia.

El Cielo azotó las conciencias,
que asaltaron los caminos
en busca del que sufre.
En cada pecho un corazón de madre,
en cada alma la ilusión de un niño,
y en todos, el deseo de dar su vida
como la darían por un hijo.

El rostro de ese niño,
que otrora se anegó en lágrimas,
sintió el calor de esos corazones
y a cada uno, una sonrisa entregaba.

Entornando la mirada al cielo,
donde todo era poesía, habló el niño:
“Gracias por dejarme ver en tu espejo
la infinita bondad humana,
la que transforma mi dolor en esperanza,
la que me hace ser un niño
que disfruta de la vida, del presente, ¡del mañana!”

No hay comentarios:

Publicar un comentario