jueves, 19 de febrero de 2015


SONRISA


Déjame que escriba, aunque sea a vuela pluma, una última palabra antes de que muera el día.
Ya lo hizo el sol, pero quedan esas penumbras que son los pensamientos, héroes que se resisten a huir y prefieren morir en ese campo de batalla que es el sueño.
Pero antes de que sieguen su vida, han hecho el último esfuerzo por dejarme el agradable poso de su último aliento.
En su postrer tributo me han invitado a imaginarme cómo sería la Tierra si la tuviera que vestir de Cielo.
Tal vez un ejercicio supremo para estas horas en las que la mente se ofrece más a dejarse caer en el vacío que a adentrarse en las intensas cuevas de la Teología.
Pero por ello mismo, me he agarrado a este suelo que pisamos,  he buscado ese mundo en la felicidad que se masca cuando nuestros ojos cubren la tierra.
Y encontré un camino fácil: pensé que una sencilla sonrisa sería el mejor símbolo de esa Tierra cubierta por el Cielo; de ese instante en que la felicidad subyugara con su látigo a las negras máscaras de la tristeza y la pena.
A un  niño que lloraba sin consuelo le preguntaban el por qué de sus lágrimas, pero más lágrimas eran su respuesta.
¿Quién o qué hirió esa pequeña alma dejando en su rostro tan temprana cruz?
¿Fue un capricho pasajero el que cruzó su mente y una ola se lo llevó dejando en sus labios la miel de la estela?
Nadie sabía la causa de que ese pequeño pecho ya saboreara hieles tan tempranas, pero un amble rostro le ofreció, a cambio de sus pesares, una amable sonrisa y el niño, al verla, la imitó con sus labios.
De esas lágrimas que bañaron su rostro, ya solo quedaba un seco reguero
Y es que la sonrisa es espejo, música, contagio; es esa mano tendida que ofrecemos; es el rostro amable de la caridad que nace para sembrar, en las penas ajenas, un atisbo de vida.
Cuando sientas que tus labios se resisten a ofrecer esa primavera, arranca de tu pecho el invierno que la niega y ofrécela como bello sacrificio y, de ellos, manará el hermoso incienso de la sonrisa.
Y cuando hablo de ella, me refiero a la sincera, a aquella que brota de un alma limpia e intenciones sinceras, porque aquellas que se dibujan en los labios con perversas o segundas intenciones, son las tramposas máscaras del mal, pero no son sonrisas.
Cuando las alas de la felicidad rozan unos labios, dejan en ellos su reflejo, y  labios y alas se funden, se abren en hermoso abanico, y dibujan el más bello paisaje que pueda ofrecer el rostro humano: una sonrisa.
Cuando alguien te mire a los ojos y te ofrezca, en la bandeja de sus labios, una corriente de aire o un rayo de luz  que te haga respirar frescos aires, sentir que pisas verdes praderas, que tus ojos contemplan un cielo iluminado donde luna y estrellas se besan, o sientas que tu alma la recorren aguas serenas, entonces, te habrán ofrecido una sonrisa.
Ya han rendido su vida estos heroicos pensamientos, ya han alzado la bandera blanca ante el irresistible avance del enemigo, pero en medio de ese campo de batalla que es mi rostro, donde campean las alas victoriosas del sueño, ha quedado grabada….una sonrisa.

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