domingo, 29 de marzo de 2015


MIS TIERRAS


Y hablo de aquella en la que me crié, de esa con la que compartí el tiempo, efímero como es él, pero suficiente para dejar huella; y de esta, en la que ahora vivo, la que ahora piso, desde el día en que te conocí.
Déjame que te cuente cómo son.
No pienses que esas tierras son una amalgama donde se funden paisajes antagónicos o voces disonantes; no, porque aunque distantes en el tiempo, están hechas de la misma materia, abonadas por el mismo sentimiento, sentimiento que se alimenta cuando mira atrás, y se esperanza cuando siente, bajo sus pies, la piel de  nuestros corazones.
Y será la voz del recuerdo, esa que duerme y, de vez en cuando despierta, la escribana de la primera; y será la sangre que hierve en mi pecho, cuando te pienso, la pluma de la segunda.
Y al evocar la más lejana en el tiempo, se funden como la luz y el agua, pensamientos de alegría y sueños.
La alegría de ese momento, donde todos los recuerdos son amables visitantes que dejan un regalo, y los sueños que nacieron al pensar en un amor imaginario, vestido de mujer, con el que compartir los segundos y matar  la sed de un corazón solitario.
Pero, inevitablemente, las redes de esas lejanas tierras me arrastran al presente.
Y esos sueños que soñé, y esos segundos que conté hasta que llegara ese momento; y esas alegrías que la imaginación dibujaba en mi rostro cuando sentía que lo soñado era real, todo ello, lo sentí, lo viví, cuando la luz de tus ojos me atravesó el alma.
Entonces, en ese instante, nació una nueva tierra.
 Como niebla ante el alba, como plumas a  merced del viento, como hoja que se lleva la corriente, se difuminaron los soñados sueños, mudaron sus paredes de aire, y esa nueva tierra se cubrió de realidades, tan reales y superiores a lo que un día imaginé, que no sabía si aún soñaba.
La primera tierra en que viví es como esa estrella que se siente feliz con la hermosura que la rodea, aunque deje suspiros por sentirse amada.
Entonces, cuando menos lo espera, surge alguien que le ofrece su mundo de plata, le brinda una nueva tierra en la que pasará de ser una perla más de ese collar que son las estrellas, a transformarse en el corazón de la propia luna.
Y esta es la tierra en la que ahora vivo.
¿Ves cómo no son tan distintas?
¿Ves cómo una me lleva a la otra?
Ambas son paisajes y sonidos de la propia vida.
Solo seguí las huellas que dejé en la primera, hasta encontrar esta nueva cuyo suelo son nuestros corazones.
Pero esta última no es necesario que te la describa; ni me pidas el corazón para que te la descubra, porque ese corazón, robado, lo tienes tú. 
Ábrelo y sabrás porqué llamo a nuestro mundo la "Tierra Prometida”.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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