martes, 31 de marzo de 2015


PODEMOS…



Levantar el mundo con la palanca de las palabras y sostenerlo sobre el alfiler de una sola verdad frente a los pilares de la mentira.
Iluminar la noche con velas, nuestras obras, y mantener vivo su resplandor con cada sonrisa que conquistemos.
Anegar el desierto en lágrimas compasivas, aquellas que hacen al dolor ajeno sentirse comprendido, y sembrarlo de ese oasis que son los detalles.
Silenciar el dolor con besos, bastaría el de cada madre a ese hijo que tiene o espera, y enmudecerlo con nuestra alegría.
Escalar todas las cumbres si un minuto o pensamiento dedicado a otro fuera un peldaño, y enterrar esas montañas de pesares bajo los hilos de esa esperanza que habríamos ayudado a nacer.
Curar la amargura de un alma con la miel de una simple mirada y saltar los cerrojos del odio con la horquilla de un simple perdón.
Podermos….
Y, sin embargo, no dejamos de mirarnos al espejo; nos convertimos en coleccionistas de recuerdos, acaparadores de nostalgia; echamos  nuestras redes al pasado para rescatar los buenos momentos y  sacamos brillo a la memoria, el baúl donde se guardan los años, para repasar aquellos que dejaron huella en nuestra alma.
Sonreímos al contemplarlos, y si alguno no es de agrado, lo echamos a la hoguera del olvido.
Y mientras la vida sigue ofreciéndonos oportunidades de limpiar el nublado cielo de aquellos que reclaman nuestra ayuda, nuestra mirada, nuestras obras, los ignoran como viento que esquiva las montañas.
Y ese viento va dejando el triste aullido por todo aquello que podemos y no hacemos.
Una tensa calma se adueña de nosotros.
Tensa porque vivimos en una ficticia paz donde las horas y la vida duermen para no escuchar.
Pero no podemos evitar que esa sinfonía recorra las rendijas de nuestras almas, almas que siempre tienen abiertas esa ventana que pretendemos cerrar.
Robar esas lágrimas que un día surcaron un rostro.
Borrar las huellas que les dejó el dolor.
Iluminar, aunque sea con palabras, las sombras que ocultaron su sonrisa.
Si este mundo que soñamos, este mundo dibujado en nuestro corazón cada vez que pensamos en un “podemos”, fuéramos capaces de cumplirlo, ese gemido serían felices ecos, repiques en el fondo del  corazón, propio y ajeno,  al ver que una ilusión, un deseo y un sueño cobran vida.
Es infinito el poder del que es capaz la buena voluntad guiada por la recta intención.
Solo hace falta transformar ese “podemos” en un “queremos”.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

1 comentario:

  1. Precioso texto... arranco un suspiro esa ultima frase... por que lo cierto es que tal vez pudiera cambiar mi realidad, pero no quiero, la lucha agota.
    Un placer leerte.

    ResponderEliminar