domingo, 22 de marzo de 2015


PRIMAVERA

"Primavera", de Botticelli

Aún quedaban los últimos cálidos arreboles de luz, los que anunciaban el fin de un día, pero ese momento tenía algo de especial porque señalaba, también, el inicio de una etapa.
Atrás quedó el último atardecer de un invierno que hace tiempo que asumió su muerte y rindió su frío ante el empuje de otros aires más templados.
Sentado sobre la húmeda hierba, contemplaba ese mapa de la naturaleza, donde algunos colores ya osaban asomarse y a pintar de vida esas tierras, hasta ahora silentes, pero que empezaban a pronunciar sus primeras palabras dejando el eco de los iniciales aromas.
La mirada se perdía deslizándose sobre el verde tapiz, y a medida que viajaba, iba recogiendo todas esas sensaciones que evoca un atardecer primaveral.
Y mirada y sueños navegaron juntos hasta perderse por esos rincones donde nada se ve pero todo se intuye; hasta adentrarse en ese punto donde el cielo parece acabar, pero nuestra imaginación crea nuevos caminos y sigue caminando por él, abrazada al infinito.
En esos lugares donde todo se convierte en sueños, se quedó mi pensamiento, al abrigo de la primavera y de una luna que ya empezaba a dejar, sobre la tierra, su plateada sombra.
 No podía quejarme porque la noche me robara la luz de esa primera tarde de la primavera, porque la luna, en esta estación, también es capaz de robarme el alma.
Sí, allí estaba ella, bajando del cielo para besar la hierba, para dejar su reflejo en las aguas, para vestir, de silencio, los aromas o dejar sobre la flora sus haces de plata.
Y la noche, cautivadora por naturaleza, refugio de almas que buscan la trascendencia, en la primavera se rasga ese velo que la cubre de misterio y se transforma en paseante dama que va robando almas y corazones.
En primavera no se puede hablar de lucha entre día y noche, luces y sombras, porque cada cual aporta las mismas sensaciones, aunque se vistan de distinta manera.
Los silencios, la suave brisa, las primeras lágrimas del rocío, los aromas viajando sin rumbo ni caminos, el letargo nocturno donde la naturaleza descansa para abrirse, durante el día, en majestuoso abanico de luces y colores.
Todo, en la primavera, es un hurto, porque esa alma que me robó la luna, luego se la llevó el alba.
¡Ay!, ¡si yo pudiera, aguas, fundir el beso que os dio la luna, con las lágrimas rocieras y los pensamientos que durmieron en vuestros senos!
¡Ay!,  ¡si yo pudiera tierra, fundir la enigmática plata de la noche con el  milagro luminoso del alba, los colores que te cubren, el aroma que te embriaga y la música de tu aire!
¡Ay!, cuando sienta todo eso en mi pecho, entonces, ¡ha llegado la primavera!

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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