lunes, 16 de marzo de 2015


SILENCIOS NOCTURNOS


Siento cómo la brisa nocturna acaricia estos pensamientos que no son tales, sino silencios de la noche que se han hecho, de mí, dueños.
La luz de una farola, oasis en el desierto de la oscuridad, unas pocas estrellas que parecen haberse perdido o escapado, y el resplandor lejano y difuso de la ciudad, son los únicos atisbos de la otra vida.
Sí, otra, porque este silencio oscuro me proporciona esa paz que el alma y el cuerpo requieren a estas horas de la noche.
No quiero expresar ideas, solo sensaciones que se traducen en sentimientos que adormecen la palabra o resucitan un maravilloso silencio lleno de quietud y trascendencia.
Es como mirar sin ver; pensar sin analizar; dejarte llevar si importar a dónde.
Es…, no sé, sentir que esa vida que nos ahoga con sus pequeñeces,  ha desaparecido y ha dejado esa paz que duerme dentro de nosotros, esperando que llegue la noche para que la brisa nocturna y el silencio de la noche la despierten de su sueño.
He parado el tiempo para contemplar la luna y dejar que ella y sus estrellas escriban, en mi corazón, esas líneas invisibles y silenciosas que se llaman sentimientos.
Y mientras esta paz inunda mis ojos, nace este colofón que encadena y une los sueños del alma y  el del cuerpo. Me sumerjo en ese estado donde todo se fundirá en esa cueva que llamamos sueño.
Ahora todo dormirá: la brisa nocturna, las estrellas perdidas y mis sentimientos.

Abel De Miguel Sáenz

1 comentario:

  1. Deja que morfeo te recoja en sus brazos, acunandote en la noche para calmar la desdicha. Piensa, que siempre...vuelve amanecer.
    Triste y bello escrito.
    Un abrazo, Abel.

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