jueves, 5 de marzo de 2015


SONIDOS Y OLORES


AGUA:
De su sonido nacen esos momentos  donde la vida se para, las inquietudes mueren y los sueños duermen sobre su lecho.
Sin aroma que la cubra, se rompe el alma y deja en el aire su espíritu, nacido del mar o de la tierra mojada.

TRUENO:
Ronca voz que anuncia la ira divina.
Su eco se expande, dejando en el cielo el aroma del miedo mientras la tierra respira su amenaza.

LÁGRIMA:
Sonido y olor se funden.
La de emoción respira felicidad y suena a sonrisa.
La de dolor respira pena y no suena.
Silencio y sufrimiento, campanas y alegría, se hermanan en esa lágrima de doble vida.

ILUSIÓN:
Es el trueno que duerme en el corazón y espera romper, un día, para dejar el eco de los sueños cumplidos.
Mientras, se oculta y llena la vida con el aroma de la esperanza.

MUERTE:
Suena a lamento, a saeta quebrada, a silencio herido por el dolor, y deja en el ambiente el aroma de la ausencia, del recuerdo y la reflexión.
Se oye la otra vida; se respira la resurrección.

AYUDA:
Su sonido es el de un trino en medio del invierno; alegre guitarra que rasga sus cuerdas acabando con un inquietante silencio.
Y es su aroma, el de flor cautivadora cuando asfixia el desaliento.

POBREZA:
Lentos repiques anuncian su presencia.
Suena a vendaval que barre lo que encuentra y nada deja.
Huele a tierra quemada, a frío viento que deja el vacío a sus espaldas.

ÁNIMO:
Su sonido es el de la palabra amable que busca el bien ajeno; el de esa voz que alienta desde el fondo del alma.
Deja el olor a leña de hogar, que se consume entre las llamas de un corazón encendido.

DESCONSUELO:
Suena a gemido prolongado que no halla quién, ni qué, rompan su canto.
Huele a pólvora que humea en ese campo de batalla que es el corazón, pero sin que se vislumbre la tregua.

ESPERANZA:
Música feliz entre los cantos fúnebres del alma.
Nota alegre entre los desacordes; palabra dispuesta cuando todo se calla.
Huele a oasis, a brisa fresca entre los calores; en medio del naufragio, huele a tierra.

CRUZ:
Suenan los pasos que la arrastran, lenta cadencia que traspasa el alma.
Según quién la lleve, su voz es alarma o canto penitente.
Y a su paso se respira el rancio olor a madera, o el incienso que la cubre.

LUNA:
Calla.
Todo en ella es silencio.
Sus mudas palabras solo las oyen dos miradas que se buscan; solo las entienden dos corazones.
En la luna, solo suenan los sentimientos.
Huele a nácar, a mar en calma,  a paz, a hierba recién cortada.
El aroma de la luna son las sensaciones.

SOL:
Suenan las trompetas que anuncian al Emperador.
Todo, en él, son mayestáticos sonidos, hasta en su muerte.
Cuando llega el ocaso, suena un réquiem.
Su olor son recuerdos de momentos felices porque huele a vida.
Su aroma complementa esas sensaciones que no pudo ofrecer la luna.

NAVIDAD:
Música y canciones que despiertan ilusiones.
Suena la alegría, disfrazada de belenes, y despierta en el alma las emociones.
La Navidad no son sonidos aislados, es un coro de sentimientos y oraciones.
Huele a nieve, salpicada de dulces, t, en ocasiones, de nostalgia.
Huele a primavera en el seno del invierno.
De entre todos los aromas, es un envase de la fragancia del Cielo.

VIDA:
Polifonía donde se funden la alegría y la tristeza.
Sonidos armónicos y estridentes sobre los que impera la música sagrada de su valor.
Es el  arco iris de los olores, donde todos conviven en ese vasto campo que es la vida.
Pero rezuma, pese a sus espinas, aires de esperanza.
¡La vida huele a primavera!

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