miércoles, 25 de marzo de 2015


TERRITORIO SAGRADO

"Fuente de los tritones" (Parque del Retiro, Madrid)

Hoy he vuelto a pisar ese territorio sagrado en el que dos corazones se incendiaron con la simple chispa de un beso.
He querido volver a pisar esas mismas huellas invisibles que, bajo ese árbol, me dejaron tus ojos al sonreírme, y aún escucho el gorjeo de esa fuente de alegría, que nació de tus labios cuando se abrieron.
Y todo esto solo es el preámbulo de lo que encontrarías si me abrieras el pecho y me arrancaras el alma.
En esa alma hallarías esas imágenes que marcan toda una vida.
Contémplalas y sobrarán las palabras para explicar por qué una lágrima, una caricia, una palabra, un silencio, un…sin fin de unidades, son capaces de anular el resto de sueños.
Y sabrás que en este mundo del que hablo,  todo adquiere valor de símbolos, todo se sacraliza, hasta el extremo de que no somos capaces de vislumbrar sus fronteras, si es que las hubiera.
He pasado frente a esa estatua que cautivó tu mirada y dibujó, en tus ojos, la belleza.
Aún siguen, bajo ese arco de agua, los tritones tocando su flauta; allí están, envolviendo en música los mensajes que nacen del mar y permitiendo, como si fuera un milagro, que, por un instante, hable la piedra.
Y he vuelto a escuchar los mismos acordes que sentimos oír cuando nos detuvimos ante ella, por eso, aunque sea en el pensamiento, te he abrazado.
He sentido el impulso de acercarme a ese estanque donde las plantas flotaban como rayos de esmeralda, iluminadas por esa luz matinal que teñía de poesía sus aguas.
Y las he contemplado como quien se mira a un espejo que conserva el tiempo, donde los años no avanzan y los sentimientos se conservan como el día en que nacieron.
He dejado caer una piedra sobre ese cristal para llenarlo de ondas; y cada onda era uno de esos momentos en los que estuvimos juntos,  del que nacía otro, y otro, y otro, hasta poblar el estanque de emociones que bailaban sobre el agua.
Era como cuando tu voz, tu imagen, tu recuerdo, asoman en mi corazón y empiezan a nacer sentimientos que flotan sobre las trémulas aguas de mi corazón.
 Y podría vivir aquí, respirando estos aires, contemplando este paisaje, alimentándome de sus recuerdos; podría perderme por estos caminos  porque sé que siempre encontraré un motivo que resucite tu espíritu; hallaré esos momentos en que, juntos, retamos a la vida cuando nos ofrece sus espinas, y desafiamos a la felicidad de este mundo.
Hoy, los he revivido en solitario, pero cuando vuelva, enlazado a tu mano, bastará que escuchemos a los tritones, para que su música de piedra invada todos los rincones de este territorio sagrado, territorio donde dos corazones se incendiaron con la simple chispa de un beso.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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