lunes, 27 de abril de 2015


FANTASÍAS BAJO LA LLUVIA


Era una noche lluviosa.
Me acerqué a la ventana con la ilusión de contemplar  el mágico momento  en el que una farola ilumina esas gotas descendiendo desde el cielo y revivir, en ese baile de luz y agua,  toda la fantasía que puede encerrar la noche o que, al menos, a mí me sugería.
Empezaba a sentir la gratitud de ese silencio, salpicado por las débiles voces de la lluvia, cuando dos amantes se detuvieron bajo esa luz.
Y me atrevo a llamarles amantes porque bastaba ver sus miradas, cómo sus manos entrelazadas, en medio de la lluvia, se buscaban con mayor ansiedad, como si así se sintieran al cubierto de las lágrimas del cielo.
No sé explicarlo, pero solo con verlos podía asegurar que se amaban.
Esos femeninos labios, temblorosos, desnudos de intereses, se abrieron como pétalos agradecidos bajo la lluvia y, dirigiéndose a ese desconocido afortunado, pronunciaron una palabra.
La fantasía que encierran la noche y el agua empezó a surtir efectos.
No pude oír esa misteriosa palabra que nació de unos trémulos labios, pero empezó a revolotear, por mis entrañas, un sentimiento que iba dejándome una voz que anunciaba su nombre.
Mi mirada aún tiene grabada esa escena; en mi alma, aún resuena esa voz y solo deseo poner rostro a esa hechicera palabra.
Desde entonces, quiero saber si aún vive esa palabra, y si lo hace, en qué rincón del alma se esconde, para liberarla.
Desde aquella noche, su eco vaga por los rincones misteriosos de mis sentimientos y va dejando destellos de  luna en esas noches en las que el corazón busca; va robando nubes al cielo; va limpiando, de olas, el mar; y todo se convierte en ausencia para que solo viva ella.
Suena un latido, corre la brisa, brilla una luz, se dibuja  una sonrisa; todo esto sucede cuando esa palabra se viste de melodía y deja su voz.
Es como esa canción que un día nos robó el corazón y los sueños, llevándoselos a un mundo donde solo habitábamos dos.
Inmerso en ese mundo de sueños, cuando suena, un suave viento me roza e, inconscientemente, el corazón se emociona y parece apretarse contra el pecho, como esas manos que se buscaron bajo la lluvia.
Y mientras todos estos pensamientos discurrían contemplando  el baile de la luz y el agua, desperté de ese recuerdo en el que tú y yo estuvimos, una noche lluviosa, abrazados a la luz de una farola; desperté de ese recuerdo en el que tus trémulos labios pronunciaron esa palabra que aún viaja por mi pecho despertando ilusiones.
Desde entonces, encontré ese rincón del alma en el que se escondía esa palabra.


Abel De Miguel Sáenz
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