lunes, 13 de abril de 2015


PALOMAS MENSAJERAS


Palomas  mensajeras que cruzáis los confines de la tierra en busca de un destino que os espera.
En vuestras líneas se encierran los más diversos sentimientos: agua o fuego.
Podéis saciar la añoranza, mitigar la ausencia, curar las heridas del olvido, ser mano extendida que acorta las distancias, lumbre que enciende, con apenas unas letras, las hojas secas de un corazón herido, o daga que rasga las cortinas del feliz teatro de nuestra vida.
Misioneras de ilusiones o desencantos, pero, sobre todo, la voz del silencio, luz de esos sentimientos que no se atreven a vestirse de palabras.
Y, así, viajáis por el mundo sembrando ilusiones o desesperanza, pero siempre una ventana abierta por la que discurre vuestra voz apagada.
Llamaréis a las puertas y os abrirán, ilusionados o resignados, para dar cobijo al dulce o amargo sabor de vuestras letras.
Formáis parte de esos días anónimos, esos días olvidados, en los que la lluvia o el frío nos invitan a tomar la mano de la nostalgia, a encontrarnos con vuestra piel de papel amarillenta que, un día, cruzó el cielo para hablarnos.
Y os volvemos a leer para recordar, para resucitar esos sentimientos que una mano escribió para nosotros.
Sois esas palabras tras las que se esconde un rostro, y al leeros me imagino unos trémulos labios, una encendida sonrisa, una furtiva lágrima, acompañando vuestro parto en el papel.
Sois el eco, hecho letra, que nació de los misteriosos rincones de un alma y viajasteis, ignorando los vientos,  hasta dejar, en quien os espera, una estela de destellos, como rayo de luna que se asoma y esconde entre las sombras de la noche.
Cartas, según vamos descifrando vuestros mensajes, un castillo de lamentos o esperanzas surge en nuestro pecho, y en ese proceso siempre os acompaña el rostro de quien os dio la vida.
Cuando descansáis en nuestras manos, suena la silenciosa melodía de la lectura.
Y mientras nuestros ojos viajan entre vuestros renglones, los sentimientos van desnudando el alma mientras la imaginación pone rostro a esas palabras.
Pero siempre la cautiváis con ese aroma de misterioso atractivo que encerráis, hasta formar patrimonio de nuestros recuerdos.
Y porque sois, cartas, despensa donde se nutre la nostalgia, fuente que riega, de sentimientos, esas anónimas horas, siempre hallaréis, en mi alma, un rincón donde resuene el eco de vuestras letras, donde surja, como rayo de luna, ese rostro que os acompaña.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos 
   

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