jueves, 23 de abril de 2015


TE ESPERABA


¡Qué  pronto se fue tu sombra!
¡Qué raudo  fue tu paso por los pasillos de mi alma!
Fue verte y quitarme esa máscara compungida  que colgaba en mi rostro por el amor no hallado,
pero   tuve que volver a vestirla porque fuiste viento al  pasar a mi lado.
¿Por qué, al verme esperándote al borde del camino, no hiciste un alto y te sentaste conmigo?
¿Por qué continuaste el vuelo y no dejaste que tus alas, que apenas me rozaron, dieran sombra al desierto de mi pecho?
Te envolvía bajo el velo de “dulce”,  “misteriosa”, “esperada”, “deseada”…,
Soñé con tu beso y rocé la gloria, pero nunca imaginé que ese beso fuera  “efímero” o “pasajero”, que me dejara el sabor del tormento al ver que tus fugaces labios huían y no quedaban, en los míos, sellados.
Tu sueño ha llegado a descansar en mis brazos.
Te he tenido entre ellos como si fueras definitiva.
Tan cerca he sentido tu mirada, hipnótica y hechicera, que entiendo  por qué, ahora, no puedo vivir sin ella.
Si sabes que te amo, ¿por qué no te sientas conmigo?
Si sabes que te sueño, ¿por qué no detienes tus alas o invitas a las mías a que, juntos, volemos?
¿Por qué no rendimos, en nuestros brazos, nuestras voluntades y deseos y dejamos que descansen bajo los secretos de nuestras miradas,  bajo el silencio de un beso?
Al ver que tu sombra se alejaba se abrió la herida que creí, para siempre, cerrada y por mis venas corrieron los pesares.
Tan rápido fue todo que no sé si fue visión; y tan profunda es la huella de este lamento que no sé si vivo o muero.
Pero según me adentraba en la garganta del dolor, según me sumergía en las profundidades donde habita el desaliento, volvieron a asomar tus  blancas alas, volvieron a dejar su sombra en el desierto de mi pecho.
No te fuiste, ni fue tu paso una mortificante ilusión que me encendió el fuego del amor y, a las primeras llamas, lo apagaste.
Esta vez tomaste asiento y me cubriste con la mirada mientras robabas el amargo sabor de mis labios con un eterno beso.
Sabías que estaba sufriendo mientras creí que tu ausencia no tendría regreso.
Sabías que lamentaba tu fugaz paso, tu efímero vuelo.
En el fondo, sabías que te amaba y aunque aparentaste huir, querías cerciorarte de que, más allá de ti, en mi alma no había nada; querías comprobar que allá donde hubieras ido, yo te esperaba.


Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

2 comentarios:

  1. los pasillos de tu alma,el desierto de tu pecho,su paso fugas,me gusta poeta y soñador,me gusta tu escrito.

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  2. los pasillos de tu alma,el desierto de tu pecho,su paso fugas,me gusta poeta y soñador,me gusta tu escrito.

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