viernes, 8 de mayo de 2015


NI QUIERO, NI PUEDO


En  aquellos días  solapados, en que la  naturaleza se oculta tras unas lágrimas, esas mismas que vertimos cuando la lejanía de un ser querido astilla nuestro corazón contrito, el alma entra en una nebulosa de recuerdos que purgan las heridas.
Y abro la ventana de los sueños que duermen en el alma, y dejo que la imaginación suplante estos silencios y oiga, en el rítmico compás de la lluvia, el eco de nuestros suspiros.
Serán, las lágrimas de la naturaleza,  motivo de nuestra alegría porque ellas hacen presentes a quienes jamás se olvida.
Y si olvidara, aunque fuera un segundo, que tu mano fue mi propia piel o que mis ojos se apostaron en la atalaya de tu alma, entendería por qué este cielo llora, por qué las nubes se arrastran.
Pero no quiero lamentarme, no quiero compadecerme de estos días, ni de cualquiera en que la naturaleza muestre una sombra.
Porque tras el frío, la niebla, el invierno o cualquiera de sus rostros que aparenten soledad o pena, buscaré ese filón de emociones que esconde.
Y lo hallaré en el aire que me envuelve, en la lluvia que me acaricia, en la desierta mano del frío, en el fogoso abrazo del sol  y en la dulce o melancólica mirada de la luna. En todos encontraré  motivos para recordar esos momentos en los que nuestros ojos, a ciegas,  se fundieron mientras nuestros labios callaban porque hablaba un beso.
No puedo evitar que un reguero de emoción recorra mi cuerpo hasta morir en los sueños que brillan en mi mirada.
No puedo evitar que, en algunos momentos, una lágrima pida paso porque  estos sentimientos ahogan las palabras.
No puedo, y no quiero, prescindir de todo aquello que resucite tu memoria, aunque sean fantasías que nacen al mirar el cielo.
Y siempre, siempre, siempre, te veré en amaneceres y ocasos; siempre habrá, en las noches cerradas, una luz idealizada que me susurre tu nombre en medio del silencio; y aunque la misma tierra me sepultara en su vientre, recordaré, en medio de esa oscuridad, cómo nuestras sombras se abrazaban mientras contemplábamos el fuego.
Por estos momentos, aunque solo sean estos, quiero seguir viviendo y seguir mirando, cara a cara, al cielo; porque su rostro, alegre o taciturno, siempre esconderá un  filón de emociones que nacen en él y me llevan a ti.
Y ahora, mientras estas calientes letras ven los ojos de la luna, otra luz me susurra tu nombre en medio del silencio y, una vez más, no puedo, no quiero, evitar que despierten estos sentimientos.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

No hay comentarios:

Publicar un comentario