jueves, 21 de mayo de 2015


¿POR QUÉ?

Bastará  que ella deje su mirada ensoñadora volando en busca de tus ojos para que tú la transformes en sal que busca tus heridas.
Y cuando, temblándole la voz por miedo a tu respuesta, diga que te quiere, la despreciarás porque eso es signo de flaqueza.
¿Quién te hizo sentirte dueño de esa vida que se abandonó en tus manos?
¿No ves que es el amor la causa de esa entrega?
¿De qué especie es esa herida que se abre en tu alma y hace que veas en el amor que ella te da, una obligación, y en quien te ama, una sierva?
¿Por qué sientes que una caricia o un beso son incompatibles con tu piel?
¿Por qué una lágrima no te apiada y hace que la ira te consuma entre sus llamas?
¿Por qué piensas que amar por amar no tiene sentido?
¿Por qué cuando ella busca hacer, juntos, el camino tú vas borrando esas huellas?
¿Por qué si ella te ofrece todo el cielo que cabe en su pecho, tú compartes con ella tu propio infierno?
Alguien tuvo que robarte el alma o a alguien tuviste que venderla para negarte a respirar esos aires que rejuvenecen, para que tu endiosado corazón transforme ese desvivirse en sumiso esclavo.
Tuviste que cerrar, hace tiempo, esa puerta por la que entran los afectos y llegaste a odiarte; por eso no comprendes que alguien ame a cambio de nada.
Pero ella nunca perderá la esperanza de quebrar esa piedra que te envuelve.
Ella abonará con el sufrimiento y sus calladas lágrimas ese espacio en el que vivís, porque así es el amor y porque ella lo ha conocido aunque tú no lo comprendas.
Ella seguirá soñando con esa tierra prometida, esa misma tierra que tú te empeñas en quemar.
Y aunque conviertas sus sueños y su corazón en cenizas, de ellas resucitará continuamente, cada vez que la golpees, cada vez que la desprecies, esa fuerza inquebrantable del amor que la anima a levantarse para seguir luchando y viviendo.
Sin embargo, tú, cada vez que la hieras, seguirás echándote sal en tu propia herida y vivirás, bajo esa apariencia de dominio, como amargado esclavo de ese odio que te tienes a ti mismo.
No, lo tuyo no es amor, lo tuyo es dominio, sometimiento, fuerza; es decir, confundiste los términos y te equivocaste de sentimiento.
Mírate a los ojos cuando estés a solas y rememora tu “obra” dejando que el silencio reviva sus súplicas, sus lágrimas, sus heridas y sus sufrimientos.
¿No te sientes monstruo o no sientes, en tu conciencia, ni un débil eco?
Nadie podrá entender por qué al amor se le paga con venganza.
Y aun sabiendo que eres digno de desprecio, intentaré buscar, en tu paupérrima alma, una luz;
en tu vendido corazón, una esperanza; bajo tu piel de odio, un noble sentimiento. 
Por ello, mira cómo te mira, cómo te ofrece su desnuda vida, cómo te busca para darse.
Deja de ver, en ella, ese enemigo que llevas dentro, deja de luchar contra ti mismo y ojalá resuene en tu conciencia un bienvenido “¿Por qué...?”

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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