jueves, 28 de mayo de 2015


¿QUIERES?


Sé que has venido porque en tu  paseo solitario encontraste un suspiro que te trajo hasta aquí.
Tuve la osadía de dejarlo latiendo en el aire y grabar mi nombre en sus ropajes etéreos porque sabía que, aunque se cruzara con ojos tan bellos como los tuyos, solo tú podrías verlo.
 Yo estoy aquí porque esta afortunada mañana, en la que también buscaba un cómplice de mis sentimientos, he visto una mirada flotando  en el arroyo que acompaña a este camino.
Se había grabado en el lecho y sus ojos me robaron el alma como solo lo hace el amor: espontáneamente y sin aviso.
Si el corazón no me traicionó, ni el arroyo fue cómplice del engaño, creí ver tu  nombre escrito en los espejos de sus pupilas.
Ese fue el instante en el que nació el suspiro que has encontrado y te ha traído.
Pero este encuentro entre tus ojos de agua y mi errante suspiro no es azar, es destino.
Por lo tanto, la primera pregunta que me surge, como rebelde cascada que se precipita al vacío, es:
¿Quieres compartirlo?
En esta tierra, donde los corazones quedan  encerrados en las frías mazmorras del individualismo, bastará que dos de ellos se intercambien una tímida sonrisa para borrar, de esa máscara, su sonrisa de hielo.
Y la siguiente pregunta, como rastro de llamas que dejó el fuego de la primera, es:
¿Quieres que la borremos?
Si yo hubiera cerrado los ojos ante tu mirada o tú hubieras ignorado mi suspiro, nada cambiaría; porque cada vez que pasara ante el arroyo, allí seguirían tus ojos, durmiendo y esperando sobre sus aguas; porque cada vez que cruzaras el camino, allí seguiría ese suspiro, paciente e incansable en su vuelo.
Nacieron para vivir ese instante, por lo tanto, esperarían, esperarían, esperarían,…. y pese a su fragilidad, nunca podrían morir porque el sentimiento que los invade es eterno.
Y nace una nueva pregunta, eco de las anteriores, hija del mismo deseo:
¿Quieres romper esta espera?
No sé desde cuándo tus ojos viven en ese lecho, ni tú sabes en qué momento surgió ese suspiro, pero no importa; ya los hemos visto y nos han arrastrado a este encuentro como luz que se lleva a la niebla camino del cielo.
Y aquí estamos, cautivos de los sentimientos.
Este silencio que nos ilumina pone los corazones al descubierto y se desnudan las sonrisas; las palabras, pocas, se susurran; y solos, cara a cara, tus ojos de agua y mi errante suspiro se abrazan dejando en el aire una pregunta ardiente y desnuda que nace de nuestras almas:
¿Quieres…? 
Y se vio cómo un suspiro amerizaba en el arroyo para continuar su vuelo…. acompañado de unos ojos.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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