viernes, 29 de mayo de 2015


SALAMANCA (España)


 Río Tormes y Catedral

A su  paso, el río Tormes deja, en ti, el aliento de la mañana y una capa de nostalgia cubre tus casas y monumentos.
La vieja catedral se refugia a la sombra de la nueva.
Tu Plaza Mayor desentumece su piedra con los primeros rayos del sol mientras arranca destellos de luz en la orfebre decoración de la Universidad.
Si las piedras de Palencia respiran fe, las de Calatayud protegen corazones y las de Valencia suenan a música, las tuyas, Salamanca, respiran el aroma del saber.
Una vez me perdí entre las sombras de tu plaza.
Una vez busqué la paz en el oasis de la Alberca.
Y una vez, en la Peña de Francia, dejé mi alma a los pies de la Virgen Blanca.
Desde sus cumbres te contemplé, Salamanca, pero no supe discernir si eras tierra o una parte del cielo.
Me conformé con ser lazarillo, con que unas migajas de tu arte saciaran mis ojos y mi espíritu; y como buen mendigo, la luz de tu luna bañando las cúpulas me pareció suficiente limosna.
He dejado huellas que el viento robó y se perdieron en el tiempo, pero allá donde esté, allá donde vaya, ese viento me devolverá las que me llevaron a ti, Salamanca.
Pensé que este era el  final, pero me cuesta despedirme así que, entre el oro cardenalicio y la plata de tu luz, quede grabado en el bronce de mi epitafio tu recuerdo, Salamanca.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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