jueves, 14 de mayo de 2015


¿SERÁ HOY?


Esperaba que la dadivosa Fortuna, la misma que regaló, a mis labios, tu beso sincero, volviera a abrir sus manos y, generosa, me permitiera revivirlo.
Fue uno de esos momentos en los que el tiempo se para, para esculpirlo en la memoria, y el corazón se acelera, como queriendo vivir, en esos segundos, todo lo que le quede de vida.
¿Será hoy?
Le he pedido, al viento, que rescate aquellos ecos que sus brazos dispersaron por un oscuro mar.
Fue una noche en la que, asomado a la borda de un barco, la memoria revivía esas imágenes en las que, por primera vez, nuestras manos y miradas se cruzaron, y el corazón dejaba escapar ese himno silencioso dedicado a la alegría.
A esos ecos me refiero.
Nunca los he olvidado, pero me gustaría que sonaran como si ese ayer resucitara y volviera a ser el primer momento.
¿Será hoy?
He vuelto a recordar esos desnudos campos, vacíos de huella humana, desnudos de ruidos, salvo el del viento, pero en los que bastaba una fugaz mirada para que te atraparan el alma.
Añoro  ese silencio que acrisola los sentimientos, depura sus pasiones y los recluye en esa celda donde se conserva el amor bajo el hábito de lo íntimo y lo sagrado.
Campos, abandonad, aunque sea un momento, vuestro claustro de soledades e invadid mi agitado mundo.
Os espero.
¿Será hoy?
He soñado que llegaría el día en que se abrieran los portones que celaban a la aurora y, al verla despertar de su obligado sueño, descubría una sonrisa que llenaba el horizonte y su luz se adentraba en los corazones que sufrían.
¿Será hoy?
He recordado esas lágrimas con las que la vida hirió, y cómo el tiempo fue curando su dolor.
Pero también he recordado aquellas que brillaron a la luz de la emoción y cómo el tiempo las ha esculpido para que entendamos que no todo es dolor.
Y sobre el vasto campo de la memoria, he dibujado un paisaje en el que las primeras encontraron un pañuelo solidario que las secara; y las segundas, otros ojos compañeros que las compartieran.
¿Será hoy?
Y no sé si este  desatado oleaje de buenos deseos es fruto de una enfermiza euforia, pero tengo el presentimiento de que a cada cual le llegará un día en el que  un beso le invadirá de silencio, sentirá que se abren las puertas de su corazón y ve una sonriente aurora en la que no existen las lágrimas.
¿Será hoy?

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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