viernes, 12 de junio de 2015


BALADA MILAGROSA


No lo puedo evitar.
Necesito escribir para liberar este  feliz sentimiento que me embarga al escuchar esta música.
Ha sido un súbito golpe, al unísono, el que me han dado el alma y el corazón.
Y dejo de escribir para hacer esas pausas de silencio, a las que me invita esta melodía, silencios que no puedo, ni quiero, evitar.
Detengo la mano, freno los pensamientos y la mirada se pierde a lo lejos, viajando con estas notas, vacío de ideas, solo sintiendo.
En este recogimiento, donde todos los felices sentimientos se funden, solo hay lugar para el agradecimiento.
Hasta los mismos deseos y sueños mueren porque quedan sepultados por esta sensación que lo llena todo.
Y noto que esta música se adentra hasta tocarme el alma. Es ese instante en el que levanto la mirada y contemplo un cielo, embadurnado de grises nubes, que jamás me pareció tan bello.
Y así permanezco unos segundos: contemplativo y emocionado.
Ni el temor a que esto muera deja una sombra.
Es tan maravilloso, que solo siento cómo sus notas me rozan, me hablan y me seducen, hasta el extremo de pensar que más allá no hay nada por lo que suspirar.
Tengo la sensación de que esta música me está contando su propia vida.
Creo que me habla de tranquilidad, mesura, armonía, de ese equilibrio que solo está al alcance de almas purificadas y corazones inocentes.
He abierto la ventana porque quiero sentir ese viento que azota a los árboles, y sentirlo como una caricia, como si fuera la mano de esta partitura que me enamora.
Y hasta me parece que el mismo viento, al escucharla,  se ha calmado y, ahora, baila suavemente con esas copas a las que empujaba.
Las grisáceas nubes han detenido su curso frente a la ventana y le piden al viento que no las empuje hasta que termine este momento de magia.
Nubes, viento, pensamientos, mirada…
Todo se ha vuelto inmóvil, todo ha quedado paralizado por los intensos sentimientos que es capaz de arrancar esta maravillosa balada.
Solo el alma y el corazón siguen disfrutando, pero con tanta paz, que jamás pensé que la felicidad pudiera ser tan dulce.
Y mientras, escribo, sueño, medito,….siento.
Acaba venciendo el deleite de escucharla y el pecho me pide que me abandone en los brazos de la música, que las letras ya tendrán su tiempo.
Y le obedezco….

facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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