martes, 23 de junio de 2015


COMO UN ARCO IRIS


Nunca tuve la oportunidad de abrir esas puertas que esconden el secreto de aquello que nos hace llorar y reír, disfrutar y sufrir, amar y odiar, naciendo todos estos sentimientos del mismo lugar.
Y me imaginé que sería como el cielo, capaz de desatar su ira bajo un abanico de relámpagos, o de infundir la paz vistiéndose de arco iris.
Así, vagué entre sus espacios imaginándome que lo que allí encontrase sería lo mismo que oculta el corazón.
Descubrí insospechados rincones donde un cielo oscuro aguarda su momento para teñir de sombras la tierra y amenazarla con su aspecto.
¿Sería comparable a esos sentimientos que se ocultan reclamando un motivo para desahogar su venganza?
A su lado, aunque, en realidad, allí todos conviven, se abría un extenso campo de luz donde morían las tinieblas y el aire flotaba como si fuera música.
Al verlo, recordé esos momentos en los que el corazón pide salir del pecho para respirar ese aire que espera fuera y contagiarlo de su felicidad.
Pero junto a esa luz, deformes y ansiosas nubes buscaban un espacio en ese campo de alegría para asaltarlo.
Y pensé en esos tristes corazones  ocupados por la envidia, más preocupados de teñir con sus propias sombras la dicha de los demás.
El recorrido era inabarcable; imposible recorrer ese cielo en el que se escondían tan variados y contradictorios paisajes como los sentimientos de los que un corazón es capaz.
Salí de ese laberinto de emociones un tanto confuso, pero al  mirar por última vez ese cielo, observé que por encima de claros y nubes, una diadema de colores lo cubría. Sí, era el arco iris, capaz de albergar tristes y alegres, claros y oscuros colores, pero que en su conjunto es una belleza que despierta las que se encierran en nosotros.
Y con esa visión quise quedarme; así quiero pensar que es el corazón: capaz de transformarse en bestia o en ángel, pero que, como el arco iris, solo necesita que le abran esa puerta donde se ocultan los buenos sentimientos.
Y aflorarán, como lo hace el arco iris tras esas nubes que lo ocultan.

Abel De Miguel Sáenz
fraguadeversos.blogspot.com
Abel De Miguel Sáenz
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