domingo, 7 de junio de 2015


CORPUS CHRISTI



¿Quién pensaría que fuera posible  que el mismo Dios se escondiera tras ese pan de nieve?
¿Cuándo imaginó el ser humano tenerlo tan al alcance?
¿Hubo alguien que osara soñar que en su lengua descansara el Autor de la vida?
Intacta o fragmentada, en esa Sagrada Forma Dios se anonada para hacerse asequible a la condición humana y, a cambio de fe, recluirse en nuestra alma.
Correrán voces tachando de locura, de absurdo o de fantasía que en un trozo de pan quepa la divinidad porque los ojos y la razón lo niegan.
Pero así como damos por cierto la existencia del incorpóreo aire por el mero hecho de que las hojas se mueven cuando algo las roza o una invisible mano, de frío o calor, nos acaricia, puedo asegurar que esa forma de pan deja huellas felices cuando me roza el alma; que late un Dios al que no veo, pero lo siento.
Y de la misma manera que quiso someterse a la esclavitud del cuerpo, prolongó su presidio de amor en la celda de la Eucaristía,
Y allí seguirá, silente y escondido, esperando que esos ojos se quiten la venda de la razón y lo miren con los de esa fe que nace del alma.
Pero aunque lo nieguen, no por ello deja de existir.
¿O acaso puede negar la existencia del sol alguien que no lo vea?
“Corpus Christi”… Tus palabras resuenan y van dejando una estela de divinidad en mi pecho.
Sí, soy uno de esos “locos” que, tras esa nívea forma, descubren al Dios que eligió esa cárcel para que mis ojos de fe puedan verte, mi lengua pueda sentirte y mi alma pueda experimentar el roce de tus invisibles aires, esos aires de divinidad que me hacen feliz.


Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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