jueves, 25 de junio de 2015


ENCRUCIJADA


Al mirarte a los ojos, siento que  aún sigue viva esa herida.
¿No puedes enterrar la espada que te clavé y aceptar mis disculpas, mi mano desnuda de ofensas y cargada de arrepentimientos?
Pero si crees que mi falta es digna del infierno, ábreme sus puertas, prepara mi patíbulo, y me despediré de tu vida con la mácula de haberte hecho daño, pero con la paz del arrepentido.
Si fue mi ofensa tan alta que crees que el único pago es que tú también me hieras, te ofrezco mi alma, que es donde más duelen las penas, para que redobles, en ella, tus heridas.
 Si mancillé la blanca pluma que habitaba en tu pecho, si derrumbé los pilares que sostenían tu felicidad, si te robé los sueños, dame la oportunidad de limpiarla, de reconstruirlos, de devolvértelos.
Pero si es tan amargo mi recuerdo, entonces, no te preocupes, seré mero humo que se disipe entre los aires de tu vida.
Ahora, en tus labios descansan dos palabras: muerte o vida.
En tu alma, lo sé, hay una lucha: justicia o perdón.
Y en tu corazón, ya lo siento, dos sentimientos: amor y herida.
En estas guerras, siempre hay vencedor y vencido; nunca quedan en tablas, porque, o vence el olvido, o mueren los sueños.
Sé que es más fácil decir “lo siento”; a veces tan fácil como el hecho de herir.
Sé que cuesta más perdonar y olvidar, que recordar y saborear la ofensa.
Sé….que fui yo quien nos arrastró a esta encrucijada, pero eres tú quien tienes las llaves de la  salida.
Entendería que las arrojaras a las profundidades para que esa puerta no se vuelva a abrir, pero si no me doliera lo que te hice, si no te quisiera, no te suplicaría una oportunidad  ni te pediría que olvidaras.
No pienses que bajo la blanca pluma que te ofrezco, se esconde una venenosa y mortal daga.
No dudes de mi arrepentimiento, aunque aún sientas el filo de esa espada clavada.
Comprendo tu silencio y esa dolorida mirada.
Así, esperaré que tus labios pronuncien la sentencia que dicte tu alma tras deliberarlo en el corazón.
Muerte, justicia y herida, frente a vida, perdón y amor.
Ya sabes por lo que suspiro, pero si este arrepentimiento no es suficiente, lo entiendo y maldeciré el día en que te herí.
Si no alcanzo tu misericordia, espero, al menos,  que tú salgas de esta encrucijada mientras yo acabo mis días en ella.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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