domingo, 21 de junio de 2015


LO QUE REALMENTE QUEDA


He sacado a la luz esos  sentimientos que había ocultado la memoria y los he dejado flotando, como notas musicales que plácidamente viajan por el aire.
Y no importa en qué punto se pierda mi mirada, porque siempre encontrará a uno de ellos invitándome a que la pluma le cante un himno; un himno que resucite esas bellas sensaciones que iluminan los ojos cuando se piensa en ellos.
Y seguramente nacieron de pequeños detalles, de hechos que no se graban en la memoria de la imagen, pero que lo hacen a fuego en la del sentimiento.
Cuántas veces me habrá despertado la alegría ese viejo  parque nada más verlo.
Sí, aún veo esos paseos en los que nuestras manos eran la punta del iceberg, el último testimonio, de lo que realmente nos invitaba a unirlas.
Pero si por un accidente perdiera la memoria, seguro que ese viejo parque me seguiría despertando una sonrisa; porque lo que realmente se grabó a fuego, esos días que paseamos, fue el sentimiento de tenerte a mi lado.
Y al cruzar la esquina, donde aún sobrevive ese viejo farol que iluminó nuestro primer furtivo beso, sentiré que el corazón se encoge como si fuera ese día.
Y aunque jubilaran esa bendita luz, o fueran mis ojos los que la perdieran, seguiría sintiendo ese joven beso en mi pecho al cruzar por ese punto, porque lo que realmente recuerdo es el fuego que sintió mi alma.
Hoy ha muerto la pluma que dibuja las escenas, bajo la espada de los sentimientos.
Hoy no he querido esforzarme en recordar esos pequeños detalles de colores, formas o sonidos que envolvieron esas escenas que marcaron nuestra vida.
Hoy, he querido recrearme en esas notas musicales que siguen viajando por el aire desde que  nacieron.
Hoy he querido saborear lo que realmente quedó grabado, lo que verdaderamente recuerdo:
los sentimientos.

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