viernes, 24 de julio de 2015


LO TUVE TODO


Tuve, entre mis manos, tus  cabellos, castañas olas de dócil mar, felices de ser prisioneras.
 Unas veces en calma, otras, en suave vaivén, pero siempre sumisas al juego de ese viento, que son mis manos, y que solo buscaba agradarlas.
Tuve, en mis pupilas, tu mirada, rayo de luz celeste que se dignó descansar en la verde oscuridad de mis ojos; y allí se quedaron, la tuya y la mía, inmóviles y pensativas, como pradera que saborea el sol, como luz que se recrea viajando entre la hierba.
Tuve, en mi descanso, tu recuerdo, paloma mensajera que sobrevoló mi tiempo de silencio dejándome tu rostro y, tras él, una estela de emociones.
Fue, ese recuerdo, tu recuerdo, blanca y luminosa luna que irrumpe en la noche haciéndola olvidar que es oscura.
Tuve, en mi pecho, tu alma, metáfora de vida, pero una vida sin carencias, que todo lo sacia y todo lo cura con el simple roce de sus alas.
Y fueron, mi pecho y tu alma, mar y playa, luna y estrella, viento y tierra, nube y agua.
Atados a las raíces de nuestros sentimientos, tú y yo fuimos planta.
Pero, sobre todo, tengo tiempo, tiempo de vivirte.
Y solo sé que cada vez que el viento empuje a las olas y su eco se funda con la luz que descansa en el aire; cada vez que una blanca paloma cruce el cielo o preste su níveo plumaje para revestir a la luna, en esos instantes, asomarás tú, y no importa que te vistas de recuerdo, o que sean tus cabellos, tu mirada o tu alma, quienes me hagan feliz prisionero.
Solo importa que te tengo.


facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

martes, 21 de julio de 2015


HIJOS DE UN LATIDO


Son muchos los latidos que piden paso para dejar su voz agradecida, pero solo uno es capaz de cruzar esa barrera sin pedir permiso.
Campea libremente, como si fuera aire, sobrevolando por encima del resto, ignorándolos.
Tal es su supremacía.
Y así como los demás nacen en momentos puntuales y mueren cuando se borra el recuerdo o se extingue la emoción, este, ya existía antes de que naciera el corazón.
Y aunque un corazón cerrara sus puertas o negara la entrada a todo sentimiento, sería en balde su esfuerzo, pues ya lleva inserto ese latido desde su nacimiento.
Solo espera que le haga agradable su morada, pero  nunca podrá destruirlo aunque lo niegue.
Y esa morada en la que reside podrá tener forma humana, de vocación, de paisaje, podrá revestirse de múltiples formas que le den cobijo.
Pero me atrevo a decir que si no existiera ese latido, el corazón no tendría sentido, pues sería como un gran espacio llamado “mar” donde no existiera el agua.
De la misma manera que la noche se creó como morada de la luna, pero si no existiera la luna no habría noche, así, gracias a esa voz agradecida que irrumpe y llama tenemos corazón y alma.
Y una vez que nos habita, podemos hacer que nuestro cuerpo, nuestra vida, sea, para él, lujoso aposento o ruina.
Y ahora que lo pienso, ¿esa voz que sonó en mi pecho cuando tus ojos rasgaron su velo, la hubiera oído si él no existiera?
 O dicho de otra manera, ¿hubiera sido capaz tu azul mirada de despertar esas emociones y sueños?
No, hubiéramos sido bellas estatuas, incapaces de que una sola emoción naciera de esa piedra, y nos hubiéramos mirado con la misma frialdad con que la playa y el horizonte se contemplan.
Hubiéramos sido errantes estrellas que van dejando el vestigio de su luz sin sentir más amor que el de por su propia existencia.
Por eso, gracias a él, existen todos esos latidos que quieren dejar su voz agradecida; por eso, río, sueño, lloro o sufro cuando tú eres feliz o penas.
Pero todos estos sentimientos que nos embargan al cruzarse nuestras miradas son hijos de ese latido que ya existía; al que dio cobijo mi pecho en una estancia que lleva tu nombre; son hijos, y los beso, de ese latido que da vida al cuerpo y al alma.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
s

lunes, 20 de julio de 2015


UN SUSPIRO ES SUFICIENTE


Regresaste a mi volátil memoria  como uno de esos rayos que el sol deja perderse entre las nubes avisando de que no ha muerto.
Acaricié tu recuerdo y respiré ese aroma que se asocia a una imagen, escuché esa canción que evoca  un momento inolvidable y vi ese paisaje que me llevó a besar esos días que compartimos.
Quedó, mi corazón, envuelto entre sentimientos de seda que no paraban de resucitar nuestra historia.
Pero no sé por qué hablo en pasado si lo sigo viviendo.
Tal vez sea un afán por acumular lo bello y sumarlo a lo que ahora siento, aunque ya me sentiría pagado por el hecho de poder seguir suspirando cuando te pienso.
Hazme un espacio en un rincón de tu vida; no importa que sea en la penumbra, en esa parte difusa donde los recuerdos son mareas que vienen y se alejan.
¿No es, acaso, más dichosa una imperceptible gota de mar por ser parte de él, que quien lo cruza entero una sola vez, pero lo deja atrás?
Pues yo soy feliz con solo respirar los aires de tu sombra, conque mi alma pise el paraíso de tu memoria cuando mis ojos no te alcanzan.
Y sigo mezclando lo vivido con lo que vivo sin atreverme a que participe en esta danza aquello con lo que sueño.
Porque si diera cabida a lo que el futuro dibuja en mis pensamientos, entonces sería locura.
Y esa llama, que enciendes en mi pecho, pasea su luz por el vergel de mis emociones y aunque la cubra esa marea que huye con los recuerdos, no muere.
Seguirá iluminado tu rostro, tus gestos, tus sonrisas, tus sentimientos, porque más allá del pasado, de lo que vivo y de lo que espero, por muy feliz que sea, nada es comparable al hecho de poder seguir suspirando cuando te pienso, cuando mis ojos no te abarcan, cuando te siento.


facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

jueves, 16 de julio de 2015


VIRGEN DEL CARMEN


Era una noche en la que el insomnio  del mar hacía que sus aguas, a falta de sueño, se mostraran nerviosas y dispuestas a transformar en víctimas a quien osara cruzarlas.
Fue el caso de un pescador, quien necesitado de alimentos para su familia faenaba por la noche entre las sombras del mar.
Solitario, sin más compañía que su barca y sus redes, empezó a sentir los primeros zarpazos de esas trasnochadoras olas, dispuestas a que el pobre marino pasara a formar parte de ese misterioso museo que el mar alberga en sus profundidades.
Ya sentía que formaría parte de él; ya meditaba cuáles serían sus últimas palabras, por lo que las eligió cuidadosamente como epitafio de su vida.
Y de esos labrios, ya prestos a besar la muerte, nació una súplica a la Madre de Dios.
Tanta fe y amor brotaron de esa alma, que, del rostro nacarado de María, arrancaron una lágrima.
Y esa lágrima cayó en el mar, pero quedó suspensa en el aire, rozando sus aguas, como un destello de luz.
El mar tiñó su oscura piel, de brillante milagro; las olas entraron en un profundo sueño y el pobre pescador pensó que ya había cruzado el camino que le separaba de esta vida.
Pero no fue un sueño, ni visión de ultratumba.
Allí permanecía esa lágrima, que se había vestido de estrella.
Y cada vez que un marino sea preso de unas pérfidas olas o de un vengativo mar, cada vez que un alma se encuentre en peligro o necesidad, al invocar el nombre de María, hallarás esa lágrima vestida de estrella en tu alma, a la vez que tus ojos se llenarán de otras muchas vestidas de amor.
Y esa “Estrella del mar” es la Virgen del Carmen, la Madre de Dios.
Déjame, Madre, que sea marino, que sienta tus brazos en medio del mar de la vida y grábate en mi pecho como lágrima vestida de estrella, lágrima que nunca pueda olvidar..

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
s

miércoles, 15 de julio de 2015


EL MOTÍN DE LAS SOMBRAS



Las sombras, cansadas de vivir  ancladas en el mismo sitio o de hacer siempre el mismo recorrido como esclavas de quien las lleva, decidieron liberarse para tomar su propio camino.
Cada cual conocía su “mundo”,  pero ignoraba el que conocían sus compañeras, por lo que decidieron reunirse para intercambiar experiencias antes de emprender su rumbo.
Habló la sombra del águila, quien les dio una visión de los paisajes que ocultaba la tierra, sus formas y colores, los aromas que se respiran en los montes,….
Según iba detallando esos rincones, los ojos de la farola o del campanario, ancladas siempre en el mismo sitio, eran como sorprendidos amaneceres según van descubriendo lo que ocultaba la noche.
Continuó la sombra del sauce, apostada a la vera del río; inmóvil, pero sabia en sentimientos.
Habló del silencio de los besos, del sonido de los suspiros, de lágrimas confundidas en el agua, de palabras de fuego con eco de eternidad y el sello del juramento; en fin, les habló de las mortales pasiones que nacen cuando dos personas se aman, o cuando alguien sueña con ese sentimiento mientras la sombra de la lápida, curtida en dolores, se maravillaba de que algo así existiera.
Pero todas vivían a ras de suelo y ninguna pudo hablar de los secretos del cielo, hasta que a una se le ocurrió preguntarle a las sombras de la  luna.
Ellas custodiaban su rostro y podrían describir ese mundo inaccesible para el resto.
Una voz suave, templada, les contó por qué se ríe o llora, cómo arde su corazón aunque parezca fría,..
La describieron tan sentidamente, que todas suspiraron por estar allí algún día.
Finalmente, habló la sombra de las sombras, su madre: la noche.
Todas las sombras dormían en sus brazos, brazos que se abrían para liberarlas en cuanto naciera el sol.
Las engendraba en su seno, aunque sabía que el alba se las robaría y ella moriría en el parto.
 “Habláis de lo que habéis visto, pero os olvidáis del valor que tenéis vosotras mismas.
Cuántos momentos de descanso habréis proporcionado al caminante fatigado.
Cuántos miradas se habrán deleitado al veros bailando con la luz en los paisajes.
Cuántas personas solitarias hubieran deseado veros a una de vosotras, vestida de persona, haciéndoles compañía.
No os sintáis esclavas de la forma a la que estáis sujetas ni retéis al  sol.”
Las sombras, arrepentidas de esa locura que les hizo soñar con ser errantes manchas sin sentido,  volvieron al lugar del que nacieron sintiéndose orgullosas de ser una simple pero maravillosa y agradable sombra.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos


martes, 14 de julio de 2015


DORMIDA Y OLVIDADA

Foto: Ruinas de Tiermes (Soria)

Subí a la vieja loma donde una  tierra milenaria suspira, cada día, por un aliento del viento ya que las huellas humanas se olvidaron de ella hace tiempo.
Tal vez fui el primero en romper su monotonía, pero no quise asustarla, ni quebrar su placentero silencio, ni causar estragos en esa tierra dormida y olvidada.
Una vez en su cumbre, dejé que mi joven y soñadora mirada descansase sobre su curtida y experimentada piel. Hizo un esfuerzo por volver a vivir y la dirigí estas palabras:
“Dime en qué momento de tu vida sentiste que el cielo te hablaba, pero si el pudor, propio de toda alma, te lo impide, déjame que aventure esos momentos en los que, pienso, pudiste sentir el roce de sus felices alas.”
Y sobre ese suelo, ralo y hambriento, dejé recuerdos y experiencias, comunes a todo corazón y vida, y sentí que la cima despertaba como si reconociera esa voz, esos sentimientos que, un día, la invadieron.
Desempolvó los años que la cubrían, despertó su memoria y quedó cubierta por el aroma a nostalgia que encierra un lejano amor, esa tierra dormida y olvidada.
Reconocía un suspiro, el valor emocional de una lágrima; se estremeció cuando recordó un encendido beso, o su escasa piel se erizó cuando dos enamorados cruzaron mi pensamiento.
Cada uno de esos sentimientos despertaba un nuevo pensamiento que, a su vez, generaba una nueva emoción.
 Y toda la cima se transformó en un maravilloso oleaje de sueños, recuerdos y vida, porque aunque pareciera increíble, hubo un tiempo en el que el corazón latió en esa tierra, ahora, dormida y olvidada.
El tiempo la ignoró, pero sigue siendo refugio de esos amantes que se sienten golpeados por su misticismo, por los secretos encerrados en el alma de esa tierra dormida y olvidada.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
s

lunes, 13 de julio de 2015


MOMENTOS ÚNICOS


Cada día es como si un relámpago de  amor me atravesara la mano, esa mano ahora huérfana, pero ayer acompañada, y dejara eternamente su fugaz estela de luz en mi alma.
Sensaciones y sentimientos que no mueren aunque mis ojos no respiren por no verte, ni mis labios puedan, los tuyos, rozar.
Son esos momentos mágicos con los que  lo terreno obsequia al alma.
Y si al recordar esas manos entrelazadas fuera como si un suspiro vestido de carne me dejara el amoroso aliento de tu piel, cuando realmente se unen, se rebelan todas las pasiones y se visten de milagro.
Son momentos tan intensos, que no los borra el tiempo; tan vivos, que forman patrimonio del recuerdo; tan únicos, que cada día saben a nuevos.
Por mucho que se repita ese acto de amor, siempre siento esa primera sensación en la que un corazón acelerado y un nervioso hormigueo le pedían a Dios que ese instante fuera eterno.
Más allá de que nuestras manos se ofrezcan, tras ellas hay todo un mundo de ilusiones, esperanzas, deseos y sueños que se buscan. Son silenciosas cartas de amor que han escrito su destino y apagan los sedientos gritos que sonaban cuando no  estábamos juntos.
Nuestras manos son trovadoras que no paran de recitar, cada vez que se funden, esos invisibles versos que viven en nuestro corazón.
En ese instante, se olvidan de quién nacieron y se entregan para formar parte del otro.
Dejan de ser dos para convertirse en un monumento a los más bellos sentimientos que encierra el ser humano.
Nunca olvidaré esa imagen en la que nuestras manos descansan, una sobre otra, en el crisol del amor hasta fundirse en una.
Y cuando, ausente, mis ojos no respiren, ni mis labios puedan, los tuyos, rozar, seguiré sintiendo tu mano como si un rayo de luz me atravesara.
Son momentos tan intensos que forman patrimonio del recuerdo y del alma.



facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

jueves, 9 de julio de 2015


DOLORES GOZOSOS



Y son aquellos que, aunque duelan, encierran una esperanza que hará olvidar ese sufrimiento.
Son aquellos por los que estamos dispuestos a pisar su tierra, a cruzar sus caminos, porque al final de ellos nos espera una luz.
Y si hubiera que ponerles rostro, me asalta un abanico de lágrimas que acaban en sonrisas.
¿No es dolor y dicha el de la parturienta madre que sufre en el momento que da una vida?
¿No son lágrimas que curan las heridas dejadas por el tiempo las de ese corazón enamorado que divisa a lo amado tras años de ausencia?
Y he visto cómo en recias, casi insensibles, pieles de almas se despertaban los sentimientos, se erizaban por la emoción, cuando unos infantiles ojos dejaban sobre ellas la mirada del hambre.
Esa cruz, que dibujaba la sombra de la muerte en un inocente,  despertó, resucitó un corazón dormido que le devolvió la vida a quien la  perdía.
¡Y cuántos sufrimientos nos hace pasar el miedo, hijo bastardo del ciego amor, porque tememos, al pensar en quien amamos, no ver una sonrisa en su rostro!
Ese temor por ver sufrir a quien llena nuestra vida es como la eterna espina que acompaña al rosal; pero esas espinas esconden esperanzas e ilusiones, sueños y alegrías, que transforman esa angustia en bella flor.
Sí, aunque el temor asome sus oscuras alas sobre nuestro corazón, es tal la fuerza del amor que las acabamos vistiendo de luces, acabamos esperando lo mejor.
¿Acaso no llora la propia naturaleza, cubre su rostro con el negro velo de las nubes y sus melancólicas lágrimas de agua nos hacen pensar en tristes pasajes de nuestra vida?
Pero ese mismo llanto es la causa por la que esa misma triste tierra dibuje, poco después, la más bella sonrisa de luces y colores que nos contagia de ilusiones y hace olvidar esas desdichas.
Habrá rancios dolores que cueste olvidar, pero hay otros que no son tales aunque asomen lágrimas y pesares, pues los llantos que nos arranca el amor son espinas de una alegría mayor.

facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

miércoles, 8 de julio de 2015


PALABRAS ESCULPIDAS


Hoy te he oído en mi alma, esa alma donde solo vivís tú y Dios.
He sentido cómo Dios se arrinconaba, dejando espacio a tu voz, y cómo ella iba esculpiendo sus palabras en esos rincones, en esos refugios, donde solo se permite la entrada a lo amado y donde solo caben las glorias y cruces que nacen del amor.
Aún escucho su eco como el de esas olas que se estrellan en el acantilado resonando a eterno; y cuanto más lo oigo, más te quiero; cuánto más lo recuerdo, más te añoro; y cuanto más lo pienso, más, en los milagros, creo.
Y saber que solo con abrir esas puertas de la memoria donde vive tu voz ya soy feliz…
¡Qué fácil es tocar el cielo!
Porque más allá de los mensajes, es el sonido de tu voz quien se basta para hacerme prisionero de emociones desconocidas, de sueños impensados, y dejarme maniatado entre las redes de tu recuerdo.
Son  palabras que te invitan a llorar de emoción, a grabar una espontánea sonrisa en el rostro para que se pierda en el infinito, a inclinar la cabeza bajo el peso del agradecimiento y a decir a las penas que mueran bajo el peso de tu voz.
Y reconozco que en este juego de ilusiones participa la imaginación.
No hay nada más bello que adornar ese sonido con tu rostro y, tras él, dibujar esos paisajes que respira la naturaleza, en los que se funden lo terrenal y lo eterno.
Si ya he dicho que tu voz son olas, también la he vestido de aurora, de ese limpio aire que barre los amaneceres; de otoño, donde cada palabra tuya es una romántica hoja que muere en mi alma; de ese cálido invierno en el que el corazón se refugia entre llamas y tu voz es el fuego que lo alimenta.
Y será suficiente que busque un momento de silencio para que, en esa alma donde solo vivís tú y Dios,  suene tu voz……, tu recuerdo….., tú.


facebook: Abel de Miguel fraguadeversos


martes, 7 de julio de 2015


LA RAMA MILAGROSA



Una mañana más, tomaron posesión de la rama desde la que regalaban sus trinos, para deleite de quien los escuchara.
Conscientes de que su voz operaba milagros en los mortales corazones, no cesaban de llenar el aire con sus balsámicas notas para el alma, alba para los oscuros recuerdos y lecho de emociones olvidadas.
No era de extrañar que buscaran refugio bajo esa rama corazones solitarios o enamorados, sabedores de que esa música era dulce medicina para sus males y esperanzas.
 Pero un día, los trinos se ausentaron de la rama y el silencio se apoderó del aire, ahora, mudo testigo.
Sí, los pájaros no faltaron a su cita; estaban sobre su estrado, prestos a dibujar emociones en las almas, pero esta vez fueron ellos las víctimas.
Uno de esos sentimientos, que ellos regalaban, les había enclaustrado la voz en su plumífero pecho.
Se callaron al escuchar un suspiro y se miraron atónitos, como si hubieran descubierto la voz madre de la que nacían todos aquellos sonidos que despertaban la vida.; la fuente  que tiñe a la naturaleza, de esas ilusiones que añoran los mortales.
Allí, a sus pies, latía una lágrima marcada por el olvido.
Hija de  unos ojos que se limitaron a dejarla en la tierra porque en su corazón ya no cabían más penas,  fue la misma tierra quien, como madre, se negó a verla morir entre sus brazos, por lo que cortó las raíces que la ataban a su pecho y se la encomendó al viento, con la esperanza de que la llevara a un mundo mejor.
Y la lágrima acompañó al viento hasta llegar a los pies de esa rama milagrosa.
En el mismo instante en el que aterrizó y los pájaros callaron, se  acercó uno de esos corazones solitarios y enamorados.
No hicieron falta presentaciones. Ese corazón y esa lágrima hablaban el mismo idioma, sabían perfectamente cuáles eran sus sentimientos y la causa que los alimentaba, por lo que, como si fueran lluvia y tierra, se fundieron llenando sus vacíos y guardaron ese nuevo sentimiento hasta que la muerte se lo robara.
Los pájaros recuperaron su voz y la tierra volvió a quedar preñada de sus felices trinos.
Sí, esa lágrima eras tú, y ese corazón era yo.



facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

sábado, 4 de julio de 2015


LUZ SAGRADA


Pensaba en esas luces que descansan  en la tierra, síntomas de vida  que se  adentran en el pecho sin poder evitarlo, hasta que me detuve ante una, tal fue su agradable sorpresa.
Bailaba nerviosa, como un corazón cuando piensa en lo amado, y sus destellos eran voces, latidos dispersos en el aire ofreciéndose a quien los observara.
En realidad, esas voces solo las escuchaba quien estuviera contagiado de sus mismos sentimientos; y tal vez por eso creí que me hablaban.
Tenía que nacer de algo mágico o sagrado para ser capaz de arrebatar la atención, sustraer la mirada, anular la razón y resucitar las emociones.
Era tal su intensidad,  que, al mirarla, toda mi vida se reveló en el alma, reducida en un compendio de sentimientos que nacieron y murieron en un suspiro de tiempo.
Me sentí niño recién nacido, desnudo ante la vida, hoja de otoño en las manos del viento; me sentí como si, de mí, todo lo supiera.
Y solo dos seres son capaces de conocer los pretéritos secretos del alma y los que se incuban en el momento: Dios y la mujer a quien se la entregas.
Pero si estas sensaciones se desataron como lava enfurecida escapando de su volcán, con la misma inmediatez desaparecieron los destellos, dejaron de sonar esas voces de luz, como si la madre tierra hubiera abierto sus carnes para esconderlas en sus entrañas.
Todo es más sencillo de lo que aparenta; toda esa magia era real…. y fatal.
Solo sucedió que mientras conservaste tu último hálito de vida, quisiste regalarme todas nuestras emociones vividas y compartidas y te vestiste de enamorada luz; pero en el instante en que tus ojos se cerraron para siempre y esa mano que te cogía empezó a sentir el frío de la muerte, se apagaron todos los destellos y se acallaron esas voces de luz.
¿Para siempre?
No, pues me basta recordarte para que todos los días vea esa luz bailando nerviosa como un corazón cuando piensa en lo amado; basta que te piense para que escuche la voz de esos destellos, latidos dispersos en el aire ofreciéndose a quien esté contagiado de sus mismos sentimientos.


facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

viernes, 3 de julio de 2015



OMNIPRESENTE




Una gasa de blancas nubes se  extendía a lo largo del cielo, como si un paño de pureza lo cubriera en el momento de su bautizo, mientras en la tierra, dos árboles se disputaban una sombra sin dueño.
Extendían sus ramas, ensanchaban la copa, retorcían su tronco cual serpiente, para cubrir, con las suyas, esa oscura silueta.
Pero la huérfana sombra se regodeaba en su papel de pretendida, y cuando iba a ser alcanzada  por los perfiles de sus pretendientes, con un grácil y elegante movimiento los esquivaba.
Era caprichosa, en su voluntad, por lo que podía Variar de aspecto y nacer de la oscuridad.
Y lo mismo que jugó con los sentimientos de los árboles, lo hacía con los de los mortales.
Se acercó a un poeta y desenvolvió todos sus encantos, poniendo a prueba lo que encerraba su corazón.
La pluma de este transcribía los sueños que recogía su perdida mirada., y absorto, por naturaleza, en los misterios de los sentimientos, abandonó su hechizo al sentir el roce de la sombra.
“Si eres-dijo el poeta- capaz de robarme los sueños, ¿no serás su madre, la fuente de la que nacen?
¿Por qué siento pobres estas letras cuando las comparo contigo?”
Alma y corazón se iban encendiendo según se sentían más cerca de la sombra, y cuando creyó ser su eterno dueño, la sombra se desvaneció junto a los sueños del poeta.
Se acercó a un pintor, satisfecho al ver que color, luz y formas hermanaban con su talento.
Pero esa creación se detuvo cuando asomaron los primeros perfiles de la misteriosa sombra.
¿Eres la sombra de la propia Atenea, pues hasta los colores muertos resucitan ante tu presencia?
Pero ¿qué misterio encierras que, siendo sombra, eres capaz de iluminar los sentimientos?”
Ya sentía que sus manos temblaban con el roce de esa enigmática musa, cómo nacían imágenes y colores jamás sospechados, cuando se disipó como niebla, dejando la estela del milagro.
Se aproximó a un joven pensativo, de mirada perdida, pero en la que no latían sueños, sino razones.
Al sentirla, la miró con la frialdad de quien analiza en por qué existe, y no en si ama.
Fue cuestión de tiempo que esa racional mente se rindiera a las emociones.
“¿Cuál es tu materia, capaz de ahogar las razones bajo un aluvión de sentimientos?
¿Naciste para incendiar el corazón e incinerar la razón?
Huyes de mis lógicos pensamientos y les das un sentido que desconocía.”
Ya empezaba a forjar una nueva teoría donde convivieran razones y sentimientos, cuando la sombra huyó a otras tierras.
Y así se pasa la vida: acercándose a todo ser sensible, capaz de albergar sentimientos que llenan.
Por eso, naturaleza y mortales se rinden ante ella; se rinden ante la sombra del Amor.




Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

jueves, 2 de julio de 2015



 CRISOL


Como si un relámpago de amor me  atravesara la mano, como si su fugaz estela de luz iluminara eternamente mi alma; sensaciones y sentimientos que se aúnan al compás de  nuestras manos.
Fue la más mágica sensación con la que algo terreno puede obsequiar al alma.
Al rozar tu mano, fue como si un suspiro vestido de carne me dejara el amoroso aliento de su piel. Tan intenso que no lo borra el tiempo; tan vivo que es patrimonio del recuerdo.
Porque más allá de una mano que se ofrece, tras ella hay todo un mundo de ilusiones, esperanzas, deseos y sufrimientos.
Una mano que se entrega es una carta de amor silenciosa que apaga los gritos del corazón en la mano que la acepta.
Y en el instante en que se unen, dejan de ser dos para convertirse en un monumento a los más bellos sentimientos que encierra el ser humano.
Nunca olvidaré esa imagen en la que dos manos descansan, una sobre otra, en el crisol del amor hasta fundirse en una.


facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

miércoles, 1 de julio de 2015


COMO UNA MAREA


“¿Dónde  están esos motivos que me llevaron a podar el resto de los sueños, a quemar ilusiones transitorias, a cambio de que tú fueras la única ilusión y sueño, la única madreselva que cubriera de esperanzas mi vida?
Solo pido aquello que un día descubrí y que un traicionero olvido me ha robado.”
Ignoras estas letras. y no puedes recordarlas porque nacieron hace un año, en un momento en el que sentía que todo mi mundo se derrumbaba, y nunca vieron la luz por miedo a que las leyeras, a que descubrieras  mis sentimientos, que vivían bajo el temor de no ser correspondidos.
Preferí que fuera el tiempo quien las enterrara, pero ahora las resucito porque he vuelto a sentir que tu pensamiento vuelve a rozar mi alma.
Eres marea que trae tranquilas y placenteras olas, y cuando marcha deja el poso de un agradable sueño.
Y yo soy ese niño que, apostado en la arena, deja sus colorines pensamientos flotando sobre las aguas.
Y me parece ver tu sonrisa entre esas serpientes de luces cristalinas que el alba dibuja sobre el mar; y creo que tus labios dejan mi nombre en la arena cuando esas tímidas olas mueren en ella bajo el dulce eco de su última voz.
Y cuando la luna deja su sello de plata en las oscuras cuevas del mar, entonces, todo mi ser se vuelve un loco palpitar.
Pero hay otros momentos en los que te difuminas y solo veo la desnuda naturaleza.
Y son aquellos en los que una espesa niebla cubre las aguas con su mortaja de nubes; o aquellos en los que el mar se encuentra indispuesto y solo ofrece olas que se rebelan con un grito en el aire.
En esos instantes es imposible que te encuentre porque tu paz no cabe en ellos.
Ahora te recuerdo porque es la hora del alba, pero sé que este mismo mar me enterrará tu pensamiento.
No importa.
Yo seguiré siendo ese niño que, apostado en la arena, deja sus colorines pensamientos flotando sobre las aguas, esperando que tú seas ilusión y sueño, madreselva que cubra mi vida,  de esperanzas.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos