martes, 14 de julio de 2015


DORMIDA Y OLVIDADA

Foto: Ruinas de Tiermes (Soria)

Subí a la vieja loma donde una  tierra milenaria suspira, cada día, por un aliento del viento ya que las huellas humanas se olvidaron de ella hace tiempo.
Tal vez fui el primero en romper su monotonía, pero no quise asustarla, ni quebrar su placentero silencio, ni causar estragos en esa tierra dormida y olvidada.
Una vez en su cumbre, dejé que mi joven y soñadora mirada descansase sobre su curtida y experimentada piel. Hizo un esfuerzo por volver a vivir y la dirigí estas palabras:
“Dime en qué momento de tu vida sentiste que el cielo te hablaba, pero si el pudor, propio de toda alma, te lo impide, déjame que aventure esos momentos en los que, pienso, pudiste sentir el roce de sus felices alas.”
Y sobre ese suelo, ralo y hambriento, dejé recuerdos y experiencias, comunes a todo corazón y vida, y sentí que la cima despertaba como si reconociera esa voz, esos sentimientos que, un día, la invadieron.
Desempolvó los años que la cubrían, despertó su memoria y quedó cubierta por el aroma a nostalgia que encierra un lejano amor, esa tierra dormida y olvidada.
Reconocía un suspiro, el valor emocional de una lágrima; se estremeció cuando recordó un encendido beso, o su escasa piel se erizó cuando dos enamorados cruzaron mi pensamiento.
Cada uno de esos sentimientos despertaba un nuevo pensamiento que, a su vez, generaba una nueva emoción.
 Y toda la cima se transformó en un maravilloso oleaje de sueños, recuerdos y vida, porque aunque pareciera increíble, hubo un tiempo en el que el corazón latió en esa tierra, ahora, dormida y olvidada.
El tiempo la ignoró, pero sigue siendo refugio de esos amantes que se sienten golpeados por su misticismo, por los secretos encerrados en el alma de esa tierra dormida y olvidada.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
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