martes, 7 de julio de 2015


LA RAMA MILAGROSA



Una mañana más, tomaron posesión de la rama desde la que regalaban sus trinos, para deleite de quien los escuchara.
Conscientes de que su voz operaba milagros en los mortales corazones, no cesaban de llenar el aire con sus balsámicas notas para el alma, alba para los oscuros recuerdos y lecho de emociones olvidadas.
No era de extrañar que buscaran refugio bajo esa rama corazones solitarios o enamorados, sabedores de que esa música era dulce medicina para sus males y esperanzas.
 Pero un día, los trinos se ausentaron de la rama y el silencio se apoderó del aire, ahora, mudo testigo.
Sí, los pájaros no faltaron a su cita; estaban sobre su estrado, prestos a dibujar emociones en las almas, pero esta vez fueron ellos las víctimas.
Uno de esos sentimientos, que ellos regalaban, les había enclaustrado la voz en su plumífero pecho.
Se callaron al escuchar un suspiro y se miraron atónitos, como si hubieran descubierto la voz madre de la que nacían todos aquellos sonidos que despertaban la vida.; la fuente  que tiñe a la naturaleza, de esas ilusiones que añoran los mortales.
Allí, a sus pies, latía una lágrima marcada por el olvido.
Hija de  unos ojos que se limitaron a dejarla en la tierra porque en su corazón ya no cabían más penas,  fue la misma tierra quien, como madre, se negó a verla morir entre sus brazos, por lo que cortó las raíces que la ataban a su pecho y se la encomendó al viento, con la esperanza de que la llevara a un mundo mejor.
Y la lágrima acompañó al viento hasta llegar a los pies de esa rama milagrosa.
En el mismo instante en el que aterrizó y los pájaros callaron, se  acercó uno de esos corazones solitarios y enamorados.
No hicieron falta presentaciones. Ese corazón y esa lágrima hablaban el mismo idioma, sabían perfectamente cuáles eran sus sentimientos y la causa que los alimentaba, por lo que, como si fueran lluvia y tierra, se fundieron llenando sus vacíos y guardaron ese nuevo sentimiento hasta que la muerte se lo robara.
Los pájaros recuperaron su voz y la tierra volvió a quedar preñada de sus felices trinos.
Sí, esa lágrima eras tú, y ese corazón era yo.



facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

No hay comentarios:

Publicar un comentario