jueves, 16 de julio de 2015


VIRGEN DEL CARMEN


Era una noche en la que el insomnio  del mar hacía que sus aguas, a falta de sueño, se mostraran nerviosas y dispuestas a transformar en víctimas a quien osara cruzarlas.
Fue el caso de un pescador, quien necesitado de alimentos para su familia faenaba por la noche entre las sombras del mar.
Solitario, sin más compañía que su barca y sus redes, empezó a sentir los primeros zarpazos de esas trasnochadoras olas, dispuestas a que el pobre marino pasara a formar parte de ese misterioso museo que el mar alberga en sus profundidades.
Ya sentía que formaría parte de él; ya meditaba cuáles serían sus últimas palabras, por lo que las eligió cuidadosamente como epitafio de su vida.
Y de esos labrios, ya prestos a besar la muerte, nació una súplica a la Madre de Dios.
Tanta fe y amor brotaron de esa alma, que, del rostro nacarado de María, arrancaron una lágrima.
Y esa lágrima cayó en el mar, pero quedó suspensa en el aire, rozando sus aguas, como un destello de luz.
El mar tiñó su oscura piel, de brillante milagro; las olas entraron en un profundo sueño y el pobre pescador pensó que ya había cruzado el camino que le separaba de esta vida.
Pero no fue un sueño, ni visión de ultratumba.
Allí permanecía esa lágrima, que se había vestido de estrella.
Y cada vez que un marino sea preso de unas pérfidas olas o de un vengativo mar, cada vez que un alma se encuentre en peligro o necesidad, al invocar el nombre de María, hallarás esa lágrima vestida de estrella en tu alma, a la vez que tus ojos se llenarán de otras muchas vestidas de amor.
Y esa “Estrella del mar” es la Virgen del Carmen, la Madre de Dios.
Déjame, Madre, que sea marino, que sienta tus brazos en medio del mar de la vida y grábate en mi pecho como lágrima vestida de estrella, lágrima que nunca pueda olvidar..

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
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