lunes, 21 de septiembre de 2015





POESÍA: HIJA DE UN PASEO

Caminaba pensativo, rumiando esos sentimientos
 que se anclan en el alma compungida
y que, liberarlos, no podía o no quería.

El cielo me ofrecía su lluvia, como lágrimas compañeras;
la tierra, sus flores como bálsamo a mi pena;
la noche, sus estrellas como luces de esperanza,
pero me faltaba una palabra,
esa que los arrancara de su oscura celda.

Y busqué en las voces amigas y dispuestas,
pero eran incapaces de  curar mis heridas.
Rasgué la tela que me cubría el alma
y dejé que huyeran esos ecos que en ella bullían,
las voces que en ella latían.

Pena, Olvido, Esperanza, Silencio, Ilusión y Alma.
Estas fueron las primeras que huyeron de mi pecho,
y buscaron  refugio en una desnuda hoja
para vestirse de letras.

Robé sus iniciales para construir una nueva palabra:
P-O-E-S-I-A
¡POESÍA!
Sí, era la palabra que buscaba,
la palabra soñada y consoladora,
aquella capaz de reunir todos esos sentimientos
que nacen, viven y mueren en el alma.

No me cansé de pronunciarla;
y cada vez que sonaba, sentía que, en mi pecho,
alma y corazón se fundían y gozaban.

Desde entonces, ya no busco extrañas soluciones
que mitiguen la pena o exalten la alegría.
Me basta vestir de letra los secretos del alma,
pronunciar en baja voz esa mágica palabra,
y sentir que esas lágrimas de la lluvia son mías;
que esas flores son el aroma de mi pecho,
o que esas estrellas son mis propias esperanzas.

Sí, Poesía, tú fuiste esa palabra que buscaba,
esa amiga dispuesta, de palabra acertada,
que me hizo sentirme humano,
que liberó de su cárcel a esos sentimientos
que, un día, rumiaba en un paseo solitario.


facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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