domingo, 25 de octubre de 2015

LA TRIPLE FLOR


Hubo momentos en los que el mismo Dios se emocionó al ver su creación, y no pudiendo contener sus sentimientos vistió a esas criaturas que le robaron el corazón, con su sello divino.
Así sucedió cuando al ver la maravilla del mar recién creado, le brilló la mirada y nació la luz.
O cuando, al contemplar la piel de la Tierra, con sus multiformes colores, cerró los ojos para recrearse en ella y, en ese instante, nació la noche.
Pero las emociones divinas no se limitaron a la Naturaleza. El mismo ser humano fue capaz de arrebatarle el corazón.
Como cada día, Dios cubrió con su mirada a los mortales, supervisando sus vidas y cuidando de ellas, pero en un momento dado la detuvo, se le apretó el corazón  y dejó caer tres lágrimas.
En sus ojos brillaba la emoción cuando contempló a tres niñas.
Eran tres hermanas que componían un ramillete en el que cada flor era igual de  bella.
Begoña, Pilar y Marta (esos eran sus nombres) hicieron, de su inocencia, el arma que cautivó a Dios, y este, no pudiendo reprimirse, dejó caer tres lágrimas en la tierra.
La primera, embrujada por la dulce timidez de Begoña, la mayor, se vistió de flor cuyos pétalos elevaran un monumento a esa virtud: nació la begonia.
La segunda, atraída por la noble sonrisa de Pilar, buscó caer junto a ella, y recordando esa blanca felicidad que brillaba en su rostro, dio nacimiento a la magnolia.
Finalmente, la tercera se sintió atraída por la amorosa mirada de Marta y decidió vestirse de esa flor que, solo con verla, enamora: nació la rosa.
Pero detrás de cada una de estas flores se esconden unos rostros, unas vidas con sus almas y sus sueños, para quienes están destinadas estas letras.
Solo espero que al leerlas se dibuje en sus pétalos de niñas la más bella sonrisa que puedan ofrecer una begonia, una magnolia y una rosa.


Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
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