miércoles, 11 de noviembre de 2015

AMOR SIN LUZ


Tuvimos en nuestras manos el  tiempo, aquel que parecía eterno cuando nuestros ojos se buscaban con el único sueño de encontrarse.
Segundos que se convertían en palomas mensajeras que no daban abasto con esos mensajes que nacían de nuestras miradas.
Nunca el silencio se sintió tan feliz como en esos momentos.
Nunca la palabra deseó tanto ser prisionera.
Jamás el aire paró su curso, salvo ese instante en que se frenó para no cruzar el camino que habían trazado nuestras almas.
 Todo era mudo, pero, ¡quién lo diría!, en ese silencio se escucharon mis escondidos pensamientos, aquellos que llevaban grabado tu nombre; flotaban los suspiros que nacieron cuando te sentía lejos; podíamos volver a leer, en los ojos del otro, cada una de esas cartas, escritas para saciar la ansiedad por no tenernos.
Se respiraba tanta plenitud, se abarcaban tantos sentimientos, que alba y crepúsculo, lágrimas y rocío, primavera e invierno, cada una de esas bellezas, cabían en nuestras fugaces miradas vestidas de amorosas flechas.
Y ahora que lo recuerdo y tantas veces lo hemos vivido, puedo asegurar que si me robaran la mirada seguiría sintiendo lo mismo.
Porque la vista solo pone forma a esos sentimientos que aprietan nuestros pechos, pero no los crea.
Solo el robo del alma o la muerte del corazón son razones para que no sienta.
Así que si alguna vez, ciegos, nos volvemos a “mirar”, sentiríamos cómo el aire detiene su curso,  cómo los suspiros quedan en suspenso, o como la palabra se muerde los labios para ser dulce prisionera del silencio.
¡Ah!, y aquellas cartas que un día saciaron nuestra angustia, no te preocupes, ya oiremos el eco del invisible amor cuando nos las lea.
No te importe que se ciegue la fuente que viste de formas y colores nuestros sentimientos.
A oscuras también encontraremos esa luz que nos alimenta; seguirá vivo ese tiempo que tuvimos en nuestras manos, ese que parecía eterno cuando nuestros ojos, los del alma, se buscaron con el único sueño de encontrarse.
Siempre nos amaremos porque son los sentimientos que nacen de alma y corazón los que permiten que, aun ciegos,  nos sigamos queriendo como si nos estuviéramos viendo.


Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeversos

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