lunes, 7 de diciembre de 2015

SOÑÓ QUE ERA NIEVE


Apenas había levantado el vuelo, apenas había  nacido, cuando la nieve vistió al cielo de núbil esposa ataviada con su túnica blanca.
Desde la tierra, una joven, hechizada por esos sentimientos que cierran las puertas al dolor y se las abre a la esperanza, suspiraba por formar parte de esas celestes nupcias.
Le parecía tan maravilloso como lejano, por lo que se contentó con ser uno de esos copos impulsados por el enamoradizo viento; que sus pensamientos surcaran en alegre vuelo ese envidiado cielo; que pudiera, aunque fuera en sueños, adentrarse en sus pequeñas almas y ver cómo eran por dentro.
Y en este afán de ser nieve, cenicientos pensamientos asaltaron su virgen memoria y blanquearon sus ilusiones hasta el punto de sentir, sin saber por cuánto tiempo, que sus desnudos pies pisaban una fría alfombra de nácar que la conducía a esas divinas bóvedas. 
Por un fugaz instante, fue copo; por un suspiro, nieve; por un latido se sintió novia, y cerró los ojos sin saber, sin importarle, si sus desnudos pies rozaban la tierra. Solo sabía que estaba saboreando sus vírgenes sueños.
Así permaneció, abstraída, flotante y espiritual, dejando que esa nieve, que se había adentrado en su alma, se transformara en dulce hoguera en la que ardieran sus felices pensamientos.
Fue un duelo, entre su corazón y la nieve, por ver quién era capaz de engendrar más ilusiones, de satisfacer el apetito de un corazón hambriento.
Inevitablemente, era una lucha sin fin, pues así como los sueños nacen de otros sueños, el amor es madre de otros amores.
Y llegó el momento en el que volvió a abrir los ojos con el único deseo de satisfacer la mirada con ese baile nupcial entre la nieve, el viento y el cielo.
El baile había finalizado y, a sus pies, yacían esos copos que llamaron a las puertas de su pecho para brindarle la esperanza.
Murieron besándola, se dejaron la vida, pero en el alma de esa joven grabaron para siempre unos vírgenes sueños que fueron la hoguera y el calor de su vida.

Se sintió amante y amada porque cerró los ojos y... soñó que era nieve.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
s

No hay comentarios:

Publicar un comentario