jueves, 7 de enero de 2016

ALMA DE OTOÑO


El viento las arrastraba por el aire formando una maravillosa cortina que volaba sin rumbo.
Fijó su mirada y se adentró en ella.
A su paso se abría ese telón de hojas de otoño que la rozaban como si fueran un beso,  beso que asumía como si fuera real, beso que paliaba su sed de amor.
Bailaban, sí, esa es la palabra, a su alrededor, al compás de la música del viento dejándose llevar entre sus etéreos brazos, y ella las acompañaba con su mirada, ojos que se movían al impulso de un corazón que, en esos momentos, se sentía como ese viento que las abrazaba.
Dejaba que su oscura melena flotara en ese aire embriagado de poesía, que su piel se erizara cuando sentía la suave mano del viento, y se sintió como una de esas hojas, feliz por el mero hecho de sentirse sin cadenas.
Cada hoja era un recuerdo, o un sueño, o un suceso desconocido que la esperaba con una sonrisa.
Al pasear entre ellas, sentía que cruzaba el túnel de la vida, pero una vida que solo dejaba el sello de un incontestable amor  en el que los suspiros que dejaba eran contestados por otros igual de sentidos, y en el que bastaba dejar, en el aire, un nombre para que miles de hojas la rodearan como si fueran los brazos de ese amor invocado.
Presa de esa polifonía de sentimientos, quedó inmóvil, absorta, como si esas hechiceras hojas le hubieran robado el cuerpo y se lo llevaran a su sagrado templo en el que el viento era su dios.
Ya solo sentía el alma, pero esta también quiso ser parte de ellas, y volar hacia ese cielo que ellas inundaban, sentir ese aire que nacía del cielo y perderse por esos caminos en los que solo encontraría el amor y lo divino.
Y, ¡quién sabe!, si fuera hoja de otoño, tal vez encontrara, entre una de ellas, ese nombre por el que suspiró; tal vez él también hubiera decidido ser una hoja más para buscarla a ella.
Siguió dejando que el viento la acariciara, que las hojas la besaran, siguió cruzando ese túnel de la vida, hasta que desapareció.
Las hojas seguían bailando, formando una anárquica y maravillosa cortina de otoño; sin embargo, apartadas de las demás, tomando su propio rumbo, dos hojas viajaban enlazadas, a merced del viento, paseando juntas por el túnel de sus vidas.


Abel De Miguel Sáenz
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