domingo, 17 de enero de 2016

TEMBLORES


Cada día que pasaba era dar una vuelta más a esa llave que abre la fuente de los recuerdos.
Y en la locura de ese momento, llegó un día en que sintió un trémulo vaivén en su alma, como si todos esos momentos vividos despertaran bruscamente y a la vez, pidiendo urgente paso.
Y cada imagen era un pequeño temblor; cada pensamiento era como esa fina, pero fresca, brisa capaz de erizar la piel; cada momento resucitado apretaba su corazón y se sentía hoja, débil hoja, que tiembla ante las emociones de la vida.
Y recordó ese segundo  en el que dos miradas se cruzan y el corazón, pájaro en su jaula, revolotea buscando salir de su cárcel para encontrarse con lo amado.
Y una vez que lo tiene…tiembla.
Despertó ese amor que la hirió hasta hacerla sentirse como esa tierra que padece, en su seno, la lucha fratricida de sus piedras. Corazones enfrentados que buscan su hegemonía hasta que la carne se desgarra y esa piel de amada…tiembla.
Notaba que esos pensamientos empezaban a abocarla a un abismo, por lo que reclamó alegrías.
Resucitó esos paseos en los que una pincelada de viento pintaba el caos en el aire, dejaba sus aullidos entre las ramas y ella soñaba que esas voces hablaban, de espíritu a espíritu, con ella.
Esas hojas, ese viento, ese misterio,…ante todo ello, su pecho…tiembla.
En esa quimera en la que se hallaba inmersa, recordó la habitación, oscura y en silencio, asaltada por el alba, y a esa luz, fugitiva  nocturna, regresando.
Recién nacida, solo alcanzaba a vestir de penumbras ese imaginario cuarto en el que ella vivía.
Pero presa de esos párvulos rayos que esbozaban esperanza, luz y ella se abrazaron y juntas…temblaron.
Animada, rememoró esas noches en las que respiró el amor; aquellas en las que quiso, la luna, mirarse en el espejo, pero no hallando en la tierra reflejo dejó su rostro en el agua.
Y ella vio cómo el río se vestía de blanco mientras una luna satisfecha dejaba su hermosa sonrisa en ese lecho de agua.
Agua y luna, ellas y ella, se abrazaron al compás de las olas mientras sus corazones…temblaron.
Satisfecha de emociones, alma y corazón saciaron su hambre.

Y si esos temblores fueron hijos de la emoción, si ella, o nosotros, vivimos encadenados al sentimiento, en cada paso que resucite o que demos nos daremos cuenta de que la misma Vida…tiembla.


Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
s

1 comentario:

  1. Es precioso, esos recuerdos, es así, muy bien narrado.. me ha encantado. Feliz domingo amigo. besitos.

    ResponderEliminar