martes, 16 de febrero de 2016

CARTA AL CIELO
(A mi sobrina Caty, fallecida ayer, con 19 años y parálisis cerebral desde su nacimiento)


Caty, acabas de despertar en una nueva vida, y la recibes como lo hacías en esta vida: con una sonrisa.
Has cruzado la primavera de esta vida que Dios te dio. Y digo “primavera” aunque, a ojos extraños, tu vida pudiera parecer un desierto desde el mismo día en que naciste.
Ese día Dios grabó la señal de la cruz en tu cerebro, te privó de razón, palabra y movimiento, pero te dejó intacto el mundo de los sentimientos; por eso tu mirada perdida sonreía cuando una mano rozaba tu rostro y dejabas, en ella, la sombra del cariño.
A veces he soñado que, mientras rezaba por ti, mirándote postrada en tu lecho, un milagro hacía que despertaras de tu mundo,  y tu cuerpo, gestos y palabras compartían nuestras emociones.
Sé que eran sueños nacidos de un caritativo, pero utópico deseo; sin embargo, hoy, desde el momento en que supe que habías muerto, he sentido en mi alma que esos sueños eran realidad cuando te he visto en el Cielo.
Cansado de dar rienda suelta a las rebeldías del corazón y de lamentar por lo que te habían privado, te contemplé en silencio  y comprendí que tu cuerpo era una fuente inagotable de bellos sentimientos.
Ahora entiendo que esa muda mirada, esa sonrisa que dejabas, perdida, en el aire, era un anticipo
de la que, hoy, nos ofreces desde el Cielo.
Siempre hubo un instante en el que las alas del deseo, de un destino distinto,  sobrevolaron mi pensamiento.
Siempre quise verte como yo quería, pero no como Dios lo había dispuesto.
No, tus padres y seres queridos no se resignaron a una desgracia: lo ofrecieron, al principio, con dolor de madre para luego amarte como un tesoro caído del Cielo, ese Cielo en el que ahora vives y desde el que cuelga tu mirada y tu sonrisa hacia aquellos que te quisieron.
Recuerdo al hablarte y pronunciar tu nombre, ese baile donde tus ojos que danzaban buscando esa caritativa voz; ese nervioso movimiento de cabeza que denotaba alegría y agradecimiento.
 Y aunque no podías extender tus brazos para ofrecer un abrazo; aunque tus labios no podían despedirse con un beso; aunque tu lengua, enclaustrada, no podía dejar una amable palabra, bastaba verte  para entender que tu alma no necesita del cuerpo para sentirse amada.
Sí, Caty, Dios te ha llamado tras darte ese don por el que se puede explicar el Amor, sin necesidad de razonamientos, argumentos ni palabras.
Ahora, desde el Cielo, sé tú quien, compasiva, te adentres en nuestras almas y nos dejes el recuerdo de esa mirada muda, de esa sonrisa perdida, de esa alegría atada a la cruz que nos permita cruzar este camino hasta que nos encontremos, en el Cielo, contigo.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
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1 comentario:

  1. Tengo una hermanita con paràlisis cerebral,carente de terapia adecuadas. Ya es adulta,se llama Marinela. Por ello este escrito a tocado mi corazòn. Que hermoso, Caty no te conocì pero puedo imaginarte por este escrito bello y poètico,sabes? yo escribo poesía surgida del dolor y tambièn de la alegrìa que encontrè de vivìr. No conocì tu personalidad humana pero amo tu etèrica existencia y tu paso de amor por la vida de tus seres queridos. Gracias Abel De Miguel fraguade versos.

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