domingo, 7 de febrero de 2016

EL  CIELO SE HA ENAMORADO


Tal  era la fuerza de lo que sentía, que esas emociones traspasaron los umbrales del  cuerpo para perderse en las entrañas del cielo.
Y sus pensamientos se transformaron en música, en notas que iban dejando en el aire la estela de  una melodía que bien pudiera llamarse “Corazón”; y quien la oyera, no podía evitar dirigir su mirada a ese cielo por el que viajaban, no podía resistir que se escapara un suspiro, era imposible frenar una emotiva lágrima; en fin, era inevitable que sonriera al escuchar esas emociones vestidas de música.
Pero este no fue el único milagro.
La misma situación se repetía, pero esta vez en el pecho de una joven.
Los mismos sentimientos liberados sufrieron  la misma metamorfosis y realizaron el mismo viaje que el del joven amante. La misma melodía viajaba con el mismo título que aquella: “Corazón”.
Y en ese cielo se cruzaron las canciones, pero porque cada cual nació de la manera más sincera que cabe en un pecho, bien podría decirse que se cruzaron dos almas.
Cómo sería ese encuentro, que las nubes se desgarraron en jirones para dar paso a esa nueva música.
Qué intensidad encerraría, que el viento enmudeció su eco y el sol lució sus mejores rayos.
No importaba que nadie supiese los orígenes de esa historia. Bastaba respirar para saber que el cielo se había enamorado.
Y ellos, inconscientes de que sus pensamientos lo anegaban en amor, siguieron generando pensamientos, liberando música, llenándolo de versos, hasta que llegó el momento en el que escucharon las notas que el otro corazón engendraba. En ese instante se sintieron víctimas, gozosas víctimas, de un milagro, sin saber que ellos eran la causa.
Pero mientras esa música, a otros, les provocaba deleite, a ellos les atrapaba. Sintieron que estaba hecha para ellos, hasta el punto de que creyeron escuchar sus nombres entre esos versos que nacieron del alma.
Y con la obediencia de un elegido y la sin razón de un enamorado, buscaron las fuentes de ese milagro, dejaron su mirada en el aire y sus pasos empezaron a hacer camino.
El cielo detuvo al viento, contuvo la respiración y dejó que la música lo revistiera de gloria: a sus pies,  ella y él se habían encontrado.
Y esas canciones que se cruzaron, esos “Corazones” que vistieron de música unos deseos, esos pensamientos que surcaron el aire, se fundieron y encarnaron bajo la simple, pero maravillosa, forma de un beso.
Y mientras sus labios se buscaban, ese beso traspasó el umbral de sus cuerpos y  se refugió en las entrañas de un cielo que, bastaba respirar, se había enamorado.


Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
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