sábado, 13 de febrero de 2016

NO HAY DOLOR INDIFERENTE



Bastaría  respirar el triste aire de una lágrima,
que  nace de la mortal herida del odio,
para  palpar el sufrimiento de esta tierra
en la que los dolores se comparten
aunque nos separe la distancia.

No hay pena que viva aislada,
no hay  llanto que entierre el silencio,
no hay odio que sea indiferente.
Y esa misma flecha que se clava en carne ajena
será cicatriz en nuestras almas.

A  aquel que hace, de la muerte, su alimento,
¿no sientes que tu propia vida
se acorta con cada lamento?
¿No notas que tu corazón de piedra
se resquebraja cada vez que nace una herida?

Pero llegará ese día
en el que el insaciable odio sienta hambre
y solo encuentre, por respuesta,
unas manos tendidas.

Porque esa misma sed de muerte
respirará el aire de esa lágrima que ella dejó,
palpará su propio sufrimiento
y, ante el eco de los lamentos,
su corazón de piedra sentirá dolor.

Acabará inclinando su frente
ante esta tierra en la que las heridas se comparten,
en la que no hay pena que viva aislada,
ni  llanto que entierre el silencio,

ni odio que sea indiferente.

Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
s

3 comentarios:

  1. Respiro el humo de la pólvora,que me ahoga en un mar de lamentos que inunda mi alma,ojos de sal secos y profundos de ver este mundo......

    ResponderEliminar
  2. Respiro el humo de la pólvora,que me ahoga en un mar de lamentos que inunda mi alma,ojos de sal secos y profundos de ver este mundo......

    ResponderEliminar