jueves, 3 de marzo de 2016

AUNQUE LA VIDA ME CIEGUE


Hoy  quería dejar, en tu pensamiento, esos ecos que trastornan el corazón hasta  convertirlo en laguna de sueños o en serena luna.
Mis ojos han vuelto a rozar esas aguas en las que descansaron nuestras sombras, cuando buscábamos perdernos  en uno de esos infinitos puntos que el mundo reserva para los enamorados, y fruto de ese encuentro ha nacido este deseo.
No aspiro a embriagarte de suspiros, ni a provocar que una emocionada lágrima asalte tus azules ojos, ni a que en tus labios flote una soñadora sonrisa; todo eso es patrimonio de tu alma y yo no soy quién para invadirla.
Solo aspiro a que tus labios musiten, como si rezaras, cada una de estas palabras que, si bien nacieron de mi alma, están escritas para habitar en la tuya.
Y todo esto surge porque siempre que mi mirada encuentra un punto en el que perderse, se encuentra contigo.
Cruzará cielos, paisajes inundados de luces, tierra sepultada bajo otoñales hojas, encontrará múltiples excusas para pararse y recrearse en esas maravillosas bondades que ofrece la Naturaleza, pero todas esas estampas dejan una voz de aliento, un susurro que me anima a que mis ojos continúen su viaje, las sobrevuelen y vayan en tu búsqueda.
Cada vez que la vida me ofrece un poco de tiempo, dejo que la mirada se pierda entre esos paisajes en los que Dios ha labrado, en su pecho,  un espejo, y en ese espejo, ha cincelado tu recuerdo para que allá donde mire siempre encuentre un reflejo de tu existencia.
Así, entenderás que la lluvia son nuestras lágrimas compartidas, que el viento son nuestros brazos en plena búsqueda,  que el mar es esa hoja en la que escribimos nuestros sueños, que un amanecer desempolva  el lema de nuestros espíritus, que un atardecer es la imagen de nuestros latidos, o que un cielo, azul y limpio, es el sello que grabamos en nuestras almas.
No te pedía ni un suspiro, ni una lágrima, ni una sonrisa, solo que tus labios fueran trémulos pétalos, en oración, al leerla, pero mientras escribo, mis ojos han sentido el roce de una lágrima, y mis labios, privados de besarte, no dejan de temblar cuando evocan tu nombre.
Y si la vida me cierra los ojos, si me priva de contemplar el bello ropaje que la cubre, no importa: en medio de la oscuridad, recordaré esa noche de serena luna en la que nuestros corazones eran una laguna de sueños.


Abel De Miguel Sáenz
facebook: Abel de Miguel fraguadeverso
s

No hay comentarios:

Publicar un comentario